
Es recurrente escuchar, dentro y fuera de las organizaciones policiales, el uso retórico de los términos «profesionalismo» o «profesionalización», ya sea como causa o como remedio de los problemas que las abruman. Antes de ocuparnos en descubrir si es causa o remedio, valdría la pena formular primero la siguiente pregunta: ¿es la policía una profesión o, por sus características, debe ser considerada como una ocupación?
Definir el concepto de «profesión» puede ser una tarea compleja y objeto de debate debido a la diversidad de enfoques existentes. Desde una perspectiva, una profesión se puede entender como un grupo de individuos dentro de una disciplina que se rige por normas éticas establecidas por sus miembros y reconocidas socialmente. Estos individuos poseen conocimientos y habilidades especializadas, adquiridas a través de un riguroso proceso de aprendizaje basado en la investigación, la educación y un entrenamiento de alto nivel, y están preparados para aplicar dicho saber en beneficio de la sociedad[1].
Diversos autores coinciden en que una ocupación se considera profesión si se institucionaliza y reúne al menos los siguientes elementos: conocimientos científicos propios, formación especializada, asociación profesional como ente regulador, mecanismo legal de regulación y código de conducta ética.
En México, la concepción de profesión y profesionalización dentro del ámbito policial suele ser simplista, reducida al ámbito de la formación o capacitación. Esta visión limitada se refleja en la ley reglamentaria del artículo 21 constitucional, que define la profesionalización como «el proceso permanente y progresivo de formación que se integra por las etapas de formación inicial, actualización, promoción, especialización y alta dirección (…)«. En la misma línea, el Plan Rector de Profesionalización, emitido por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, también circunscribe la profesionalización a un proceso permanente de formación.
Esta confusión o delimitación restringe el proceso de institucionalización de la policía como profesión ya que otros elementos relevantes como el conocimiento científico, la asociación profesional y las disposiciones éticas quedan relegados o incluso olvidados.
A diferencia de otras profesiones que históricamente basan su identidad en un saber (conocimiento científico), la de los agentes de policía, como señala el sociólogo Monjardet, se fundamenta en la facultad institucional para el empleo de la fuerza. Esto, a su vez, alimenta su carácter opaco y los mantiene ajenos a toda observación externa.[2]
A nivel internacional, se observa una tendencia creciente hacia la colaboración entre las policías y las universidades o centros de investigación. El objetivo es integrar conocimiento y buenas prácticas en la toma de decisiones policiales, como ejemplifica el desarrollo del evidence-based policing. En este contexto, las policías de países desarrollados evitan la monopolización de su formación a fin de incidir en el proceso de profesionalización.
En contraste, en México persiste una marcada insistencia en centralizar la formación dentro de las propias organizaciones policiales. De acuerdo con información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en 2024 existían 13 universidades vinculadas a la policía o la seguridad pública[3]. Durante este año, el Congreso de Puebla aprobó la creación de la Universidad de Ciencias Policiales, espacio en donde se ofertarán cursos, licenciaturas e incluso doctorados[4]. La transformación de academias en universidades de policía, bajo el argumento de otorgar títulos universitarios, parece una visión limitada y quizás irresponsable, especialmente si no se acompaña de la producción de conocimiento científico. Es crucial dejar la labor universitaria a las instituciones especializadas, que por décadas lo han hecho. La policía necesita integrarse con la ciudadanía, y los centros universitarios representan un espacio idóneo para ello. Además, se requieren profesionales diversos en la policía: ingenieros, psicólogos, administradores, y no limitarse únicamente a abogados y licenciados en seguridad pública.
La ausencia de códigos de conducta que establezcan un marco para la toma de decisiones éticas por parte de los agentes es una realidad en México. Si bien podría parecer que este hecho incide poco en la toma de decisiones o incluso en la profesionalización policial, su relevancia es trascendental. La evidencia internacional demuestra de manera concluyente que la confianza policial y, por lo tanto, la legitimidad institucional, se fortalecen cuando los agentes actúan dentro del marco de la legalidad y cuando la institución es transparente y rinde cuentas. Los códigos de conducta son instrumentos que, por un lado, integran principios que orientan y respaldan la actuación de los agentes para tomar decisiones correctas y, por otro, al ser públicos, permiten a la ciudadanía evaluar la idoneidad de la actuación policial. La observancia de los principios éticos por parte de la policía robustece la percepción ciudadana de su imparcialidad, contribuyendo así a su legitimidad[5].
En México, se exige profesionalismo a la policía; sin embargo, no hay un acuerdo sobre los elementos o cualidades que esto implica y se continúa por querer transformar la policía bajo la insignia del profesionalismo (capacitación). Los procesos de profesionalización suelen ser limitados y se utilizan retóricamente para mejorar la credibilidad simbólica de la institución. De acuerdo con Cockcroft y Maillard, la actuación policial se moldea principalmente por una dinámica ocupacional, donde valores informales como la cultura ejercen una mayor influencia en su comportamiento que las normas de servicio, eficacia y legitimidad institucional propias de la dinámica organizacional. En este contexto, las experiencias particulares y las debilidades humanas a menudo sesgan a los agentes por encima del conocimiento, lo que puede derivar en una toma de decisiones menos racional.[6]
La marcada influencia militar en la formación y organización policial actual es un factor determinante. Esta influencia, caracterizada por una formación conductista y pasiva, una estructura vertical y rígida, y un estilo de mando autoritario centrado en la obediencia ciega, ha limitado el desarrollo de actividades policiales basadas en el conocimiento, el juicio crítico, el discernimiento y la reflexión, obstaculizando así la institucionalización de la profesión. [7]
La profesionalización de la policía exige una formalización institucional de procesos que vaya más allá de la capacitación y la expedición de un título. Es fundamental adoptar una perspectiva ambiciosa que impulse la generación de conocimiento dentro de la institución, sea receptiva a la política basada en evidencia y consolide la gobernanza para una toma de decisiones lógica y racional. En la última década, se ha observado una tendencia creciente en las policías de Australia, Canadá, Inglaterra y Estados Unidos, entre otros países, hacia un rol protagónico en la gobernanza y la toma de decisiones basadas en evidencia científica. De esta manera, se evitará que las prácticas policiales se vean opacadas por inercias, costumbres o la cultura policial prevaleciente[8].
José A. Colomo Guajardo
Profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana, campus Guadalajara
@PpColomo
[1] Fernández, J.(2001) Elementos que consolidan al concepto profesión. Notas para su reflexión. Disponible en: https://www.redalyc.org/pdf/155/15503202.pdf
[2] San Martín, M. E. (2018). ¿Atravesando el techo de cristal? : trayectorias ascendentes de mujeres en la Policía Federal Argentina [Tesis de licenciatura, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires]. Repositorio Digital Institucional Facultad de Ciencias Sociales-UBA. Recuperado de https://repositorio.sociales.uba.ar/items/show/4184
[3] Información disponible en https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/935568/Listado_de_IPSP_31_julio_2024.pdf
[4] Información disponible en https://oem.com.mx/elsoldepuebla/local/aprueba-congreso-de-puebla-creacion-de-la-universidad-de-las-ciencias-policiales-y-de-la-seguridad-22025437
[5] Para mayor detalle se pueden consultar los códigos de ética de la policía inglesa (College of Policing), la Real Policía Montada de Canadá y la Policía de Cataluña (Mozos de Escuadra)
[6] de Maillard, Jacques. (2022). Abstract Police and police ‘professionalism’: contemporary contradictions in British policing, disponible en https://www.researchgate.net/publication/364926868_Abstract_Police_and_police_’professionalism’_contemporary_contradictions_in_British_policing
[7] Lemieux, F. (2008). ‘A Cross-cultural Comparison of Intelligence-Led Policing.’ In Williamson, T. (ed.), Handbook of Knowledge-based Policing: Current Conceptions and Future Directions. Chichester: Wiley, pp. 221–239.
[8] Los estudios de la doctora Cynthia Lum (https://cebcp.org/) son una referencia importante en este ámbito.
Cita esta publicación
Colomo Guajardo, J. A. (2025, 17 junio). Profesionalización policial, ¿un recurso retórico?. nexos. Recuperado el 25 de February de 2026 de https://seguridad.nexos.com.mx/profesionalizacion-policial-un-recurso-retorico/
Colomo Guajardo, José A. “Profesionalización policial, ¿un recurso retórico?.” nexos, junio 17, 2025. https://seguridad.nexos.com.mx/profesionalizacion-policial-un-recurso-retorico/
COLOMO GUAJARDO, José A. Profesionalización policial, ¿un recurso retórico?. nexos [en línea]. 17 junio 2025. [Consulta: 25 February 2026]. Disponible en: https://seguridad.nexos.com.mx/profesionalizacion-policial-un-recurso-retorico/
Colomo Guajardo, José A. “Profesionalización policial, ¿un recurso retórico?.” nexos. 17 Jun. 2025, https://seguridad.nexos.com.mx/profesionalizacion-policial-un-recurso-retorico/.