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En 1996, Caspar Weinberger, secretario de Defensa del presidente Ronald Reagan, y Peter Schweizer publicaron el libro The Next War. El texto, prologado por Margaret Thatcher, describe cinco escenarios hipotéticos de guerra en los que Estados Unidos podría participar (Corea del Norte y China, Irán, México, Rusia y Japón). Estas simulaciones de conflictos, conocidas como “War Games” (Juegos de Guerra), son ejercicios comunes en las fuerzas armadas de diversos países con fines educativos y de diagnóstico de fallas estratégicas, tácticas y logísticas.
El capítulo sobre México llama la atención porque, aunque es ficción, encadena variables políticas, migratorias y criminales que hoy vuelven al debate bilateral. A continuación, resumo diez premisas del escenario para entender la lógica de una posible escalada.
- La llegada de un presidente de izquierda
El escenario inicia con el asesinato del presidente Lorenzo Zapata (2 de junio de 1999), un economista formado en Estados Unidos que buscaba consolidar la democracia mexicana. Tras su muerte, emerge Eduardo Francisco Ruiz, descrito como un líder de izquierda carismático y confrontativo que atribuye la crisis nacional a la explotación estadounidense. Ya en el poder, impulsa reformas improvisadas que precipitan un colapso económico.
- Una crisis migratoria que desborda a Estados Unidos
Con escasez y alta inflación, Ruiz culpa a Washington y reactiva agravios históricos (incluida la invasión de 1847). Al mismo tiempo, concentra el poder: fortalece a la Secretaría de Gobernación y a la Policía Federal para reprimir a la oposición y reconfigura las fuerzas armadas con cuadros leales. En menos de un año, duplica efectivos, para intimidar a adversarios internos.
Dos años después, cruza la frontera una población “del tamaño de Nueva York”. Estados Unidos sólo intercepta una tercera parte. Para Washington, la inacción mexicana en la frontera se interpreta como “México nos está exportando sus problemas”.
- Captura del Estado y financiamiento criminal
La DEA, en el relato, enfrenta tres frustraciones: la impunidad de un líder del narcotráfico, detenido y luego liberado tras sobornos; la evidencia del financiamiento del narcotráfico a la campaña presidencial; y el aumento del flujo de cocaína hacia el mercado estadounidense. En este contexto se configura el supuesto central: un gobierno incapaz o renuente a cooperar porque está infiltrado por redes criminales.
- Violencia de cárteles en ciudades de Estados Unidos
En las reuniones interagenciales (DEA, Estado, Defensa), la preocupación se desplaza del tráfico a la violencia. Se describe una escalada de “gang warfare” iniciada en San Diego y extendida a Phoenix, Albuquerque, Houston y El Paso. El mensaje es claro: cuando la disputa criminal cruza la frontera, la seguridad interior estadounidense se convierte en el eje de las decisiones.
- Ayuda bilateral percibida como ineficaz
El presidente estadounidense consulta a su gabinete si es posible aumentar la cooperación. La respuesta: hay cientos de millones de dólares en asistencia antidrogas, pero resultados insuficientes. La DEA añade que el gabinete mexicano recibe sobornos, que la cooperación es mínima y que incluso se filtran las identidades de sus agentes, con ataques directos en el terreno. La lectura política es que la vía diplomática ya no es suficiente para solucionar el problema.
- La vía militar
Ante la presión en la frontera, el Pentágono sostiene que ni con “medio millón” de soldados detendría los flujos de migrantes en busca de asilo. Con la violencia en aumento y el gobierno mexicano identificado como el problema, se elabora un plan para aprehender a Ruiz, instalar un interinato y convocar elecciones en seis meses para restablecer el orden.
- Reclasificación del problema como terrorismo
El giro detonante es un ataque con explosivos en San Diego, atribuido a un cártel. La NSA intercepta una llamada entre el presidente mexicano y un líder criminal que confirma sus vínculos. Ahora, la situación se convierte en una amenaza directa para la seguridad nacional.
- El uso de fuerzas especiales
El Pentágono planea una operación encubierta para extraer a los responsables del atentado en San Diego (los hermanos Juárez). Sin embargo, el mismo día de la llegada de la Delta Force a la Ciudad de México, estalla una turba que irrumpe en la embajada estadounidense. Los miembros de las fuerzas especiales son detenidos y luego asesinados misteriosamente en prisión. Este episodio anula cualquier margen de contención por parte de Estados Unidos.
- Invasión limitada y el dilema del “día después”
Estados Unidos lanza la “Operación Azteca” e invade a México por Matamoros, Reynosa y Tampico. Aviones de combate F-15 y F-18 y bombarderos B-2 ingresan al espacio aéreo mexicano para deshabilitar la base aérea militar “que alberga una colección de aviones de combate casi antiguos, incluyendo los F-4 y F-5”. Se interceptan las señales de televisión para transmitir un mensaje del presidente: “Les aseguro que los soldados estadounidenses tienen órdenes estrictas de disparar sólo si son atacados. Si no oponen resistencia, no sufrirán ningún daño. Sin embargo, si disparan contra las tropas estadounidenses, responderemos con una fuerza abrumadora.” En Washington surge la pregunta inevitable: ¿quién puede gobernar México con legitimidad tras la caída del régimen?
- “Conocemos tus planes de defensa nacional”
Ruiz se refugia en una base en Zacatecas con 2,500 militares. Su secretario de Defensa propone una guerra de guerrillas, al estilo Vietnam, y llega al punto de ordenar violaciones deliberadas al Derecho Internacional Humanitario, como usar a civiles como escudos.
A las 72 horas del inicio de la Operación Azteca, casi todo el Ejército Mexicano se había rendido, con una tasa de deserción del 50%. El resto capitula con facilidad o se niega a seguir combatiendo. Las fuerzas estadounidenses deciden no avanzar hacia la Ciudad de México, pero permanecen hasta encontrar al presidente Ruiz y llevarlo ante la justicia estadounidense. El juego de guerra concluye con una fallida operación en la base militar, con un saldo de más de 200 militares mexicanos muertos (entre ellos, el secretario de Defensa). El presidente Ruiz logra escapar.
En 1996, la capacidad de anticipación estratégica de las fuerzas armadas estadounidenses para desarrollar escenarios prospectivos de conflictos bélicos poseía tal precisión que, parecería describir con treinta años de anticipación, la coyuntura actual de la relación México-Estados Unidos. De igual forma, demuestra el nivel de conocimiento de la doctrina de guerra mexicana, así como de los planes de defensa nacional, que reduce las expectativas de combate de 3 meses a sólo 72 horas.
Paloma Mendoza Cortés
Analista Senior en PHLX Consulting e investigadora afiliada externa del Centro de Estudios de Seguridad, Inteligencia y Gobernanza (CESIG) ITAM
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Mendoza Cortés, P. (2026, 17 febrero). U.S.A. War Games. nexos. Recuperado el 26 de March de 2026 de https://seguridad.nexos.com.mx/u-s-a-war-games/
Mendoza Cortés, Paloma. “U.S.A. War Games.” nexos, febrero 17, 2026. https://seguridad.nexos.com.mx/u-s-a-war-games/
MENDOZA CORTÉS, Paloma. U.S.A. War Games. nexos [en línea]. 17 febrero 2026. [Consulta: 26 March 2026]. Disponible en: https://seguridad.nexos.com.mx/u-s-a-war-games/
Mendoza Cortés, Paloma. “U.S.A. War Games.” nexos. 17 Feb. 2026, https://seguridad.nexos.com.mx/u-s-a-war-games/.