Hace tres años llegaron treinta individuos armados con “cuernos de chivo” y R-15. Me destruyeron la cerca, quemaron el cerro y robaron mis animales y mi camioneta. Fui a la Promotoría Agraria de Buenavista y nadie me hizo caso. […] Ya sé que torturan a toda persona inocente, porque los traficantes de drogas andan con [las autoridades].
Este testimonio proviene de un habitante del municipio de Aguililla, Michoacán. Pero no es de 2021. Se publicó hace precisamente 31 años, en abril de 1988.1
En México abundan los análisis e investigaciones sobre la violencia que se fundan en la idea de un pasado pacífico, donde el país estaba gobernado por el orden priista y los narcos se portaban bien: la famosa pax priista. Sin embargo, tanto los estudios históricos críticos como la etnografía han demostrado que la violencia de hoy viene de antes.2
Aguililla, en Michoacán, es un gran ejemplo. En 2021, sigue llenando portadas por un conflicto violento entre el Cártel Jalisco Nueva Generación y una federación de grupos michoacanos llamada Cárteles Unidos. Gran parte del municipio está sitiada. Hace meses que nada entra a Aguililla: ni comida, ni víveres, ni medicamentos, ni seres humanos. Los que salen son desplazados: más de 100 familias la semana pasada.3
El municipio representa 2.39% del territorio michoacano. Según el INEGI, 76% de la población vive en situación de pobreza y 31% en pobreza extrema. El territorio no tiene acceso al mar y la única ruta aceptable lleva a la ciudad de Apatzingán. El resto son caminos y brechas que conectan con los municipios colindantes de Coalcomán, Arteaga, Tumbiscatío, Tepalcatepec y Buenavista Tomatlán.

Ilustración: Estelí Meza
¿Entonces, por qué pelear tanto?
Históricamente, el aislamiento geográfico es lo que mejor caracteriza a Aguililla; estas condiciones fueron potencializadas tanto por el desarrollo desigual mexicano como por los caciques, traficantes y gobernantes que hicieron todo lo posible para mantener el territorio en una condición de fortín. Cuando se implementaron los programas de desarrollo del valle del Tepalcatepec –encabezados por el General Lázaro Cárdenas en los años cincuenta– la Sierra Madre del Sur se quedó fuera de la inversión, de los distritos de riego y del primer “milagro” agrícola michoacano.4 Luego, las reformas estructurales de los ochenta y noventa dieron el giro final hacia la agroindustria de exportación –los limones, aguacates y fresas michoacanas, entre otros– y terminaron de marginar a Aguililla.
En estos espacios del México rural, la prospectiva era la de siempre: emigrar a Estados Unidos o dedicarse a los cultivos ilícitos.5 Aguililla lideró ambos. Se fueron miles de habitantes al norte, mientras que las condiciones climáticas resultaron ideales para producir amapola y marihuana, como lo cuenta un exlíder de las Autodefensas del municipio acerca del periodo de los años ochenta y noventa:
Todo el mundo cultivaba droga desde que tengo memoria […] No había otra cosa que dejaba dinero, era eso o irte del otro lado […]Aguililla es un pozo, nos iba bien pero no creas que era todo divertido. Los verdes [militares]te chingaban a madrazos en las casas, torturaban, te llevaban […] Y la maña de aquí te mataba por una parcela de mota o de amapola, por unos buenos kilos, por un robo […] Mataban recio eh, hermanos, familiares […] Pero había tanto dinero que la gente seguía […] Decían “¡Hasta las piedras se venden aquí!”. Comprábamos cualquier cosa, camionetas del año sin saber manejar, las reventaban en una pared y luego iban a Uruapan y se compraban otra […].6
Los apellidos detrás de estas actividades son un paseo de la fama de la mafia michoacana. Parte de los Valencia, Nazario Moreno El Chayo, Servando Gómez Martínez La Tuta; Juan José El Abuelo Farías; Nemesio Oseguera Cervantes El Mencho. Todos nacieron en un radio de 60 kilómetros alrededor de Aguililla.
Lo que cuentan sus biografías son más de cuarenta años de profesionalización del narcotráfico. Cuando México se integró a las rutas internacionales de las drogas en los años ochenta y noventa, Michoacán se volvió una de las joyas de la corona. La costa del Pacífico no estaba monitoreada y el puerto de Manzanillo, Colima, estaba a la vuelta. La región de la costa-sierra se convirtió en un territorio crucial para el almacenamiento, producción y transporte de drogas entre el Pacífico y las rutas que llevan al norte.
Sin embargo, no se puede entender la expansión de las economías ilegales sin estudiar sus contrapartes legales.7 A la par de pistas de aterrizaje clandestinas y laboratorios de metanfetamina, la sierra vio crecer el puerto de Lázaro Cárdenas. La inversión pública y privada desarrolló una fachada marítima de alcance mundial, mientras las montañas ofrecieron escondites para hombres y drogas, así como un territorio atractivo para la extracción de mineral y madera. Así, entre 2004 y 2017, la proporción del territorio michoacano otorgado en concesiones mineras pasó del 6.01 al 23.97%. La mayoría están localizadas en la costa-sierra.8 Controlar esta zona es poner la mano sobre un enclave crucial, tanto para el narcotráfico como para la venta de mineral lícito e ilícito, así como para el cobro de las cuotas a través de las cuales se maneja casi “tradicionalmente” la actividad.
Por estos factores, y a pesar de su pobreza y marginalización, la sierra michoacana representa un territorio político fundamental. Lo es aún más desde los conflictos electorales relacionados con la creación del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Entre 1989 y 1992, mientras la represión priista dejaba decenas de militantes muertos, torturados y encarcelados, el PRD lograba algunas de sus primeras victorias municipales en Aguililla, Arteaga, Buenavista, Tepalcatepec y Tumbiscatío. Desde entonces, ha gobernado más de la mitad de este periodo en estas regiones, convirtiendo algunas de ellas en bastiones y en territorios clave del clientelismo y caciquismo para los tres niveles de gobierno.
El punto no es de establecer una causalidad entre emblemas perredistas y feudos narcotraficantes, sino dar a entender que las dinámicas de violencia no se pueden analizar sin sus articulaciones con la política.9 De hecho, la costa-sierra está llena de figuras que combinan lo relativo al narcocon lo cacique. Este es el caso de Adalberto Fructuoso Comparán, Fruto, nacido en Aguililla.10 Fruto posee una carrera traficante de más de treinta años. Trabajó con los Valencia y Valencia-Milenio, con La Familia y los Templarios antes de hacerse líder de la Autodefensa de Aguililla en 2013. Hasta La Tuta se burló de su capacidad de reconversión. Pero Fruto también fue presidente municipal –por el PRD, entre 2008 y 2011–, periodo en el cual fue detenido en el Michoacanazo. Más allá de este mandato, todos los testimonios recogidos a lo largo de los años indican que en Aguililla no se movía una piedra sin la autorización del Fruto quien, como suele suceder, poseía hoteles, restaurantes, tierras y demás comercios en la cabecera municipal.
Entre marzo y abril de este año, exploré nuevamente los caminos michoacanos del juego político. Observé y entrevisté a candidatos y presidentes municipales, así como a miembros de los grupos armados de la zona. El territorio está dividido por fronteras marcadas por zanjas y retenes; en estos últimos, hombres jóvenes que cargan armas de guerra revisan a los transeúntes mientras escuchan música, toman Corona Light y fuman marihuana de la región. A las siete de la tarde, atraviesan un tráiler en el asfalto y la única ruta que conecta la Tierra Caliente a la zona norte de la costa michoacana queda cerrada hasta la mañana. Lo mismo sucede con diferentes horarios en diversos retenes en los caminos que salen de Apatzingán o Buenavista: las horas de tránsito están fijadas por los grupos armados de la zona.

Fotografía: Retén de la Autodefensa de Tepalcatepec en la ruta que lleva a la costa michoacana. Marzo 2021, Le Cour Grandmaison, Noria.
Los viajeros se paran frente a los sicarios con la aparente calma de los que llevan décadas viviendo así. Ni se extrañan de no ver a las fuerzas públicas. De hecho, cuando les pregunto a los muchachos: “¿Qué pasa con el ejército o la Guardia Nacional?”, me miran con una sonrisa. Uno de ellos me termina contestando, indiferente: “Eso está arreglado, viejón”. Durante mis recorridos por la zona, nunca me crucé con una patrulla, a pesar de las varias bases militares que existen en casi cada municipio de la región. Esto muestra, una vez más, que el Estado no está ausente, como tantos lo escriben. Está bien presente, pero es un actor político más dentro de la violencia que sacude Michoacán.
Uno de los pulmones de este juego político es Aguililla, donde la población lleva sesenta años atrapada en las continuas reconfiguraciones violentas del poder regional. Cuando este tipo de habitantes grita que no da más, hay que escucharlos. Quiere decir que el cinismo de la política regional y federal ha llegado a un límite. La política, en Michoacán, y de muchísimos estados del país, se maneja a través de la violencia como recurso central, tanto para los grupos armados como para el Estado.11 Urge cambiar las reglas del juego.
Romain Le Cour Grandmaison
Doctor en ciencias políticas por la Universidad de la Sorbona y coordinador del Programa México y América Central de Noria Research.
1 Hemeroteca de la Revista Proceso, 23 de abril de 1988, “En el centro del narcotráfico michoacano”.
2 Ver Paul Gillingham y Benjamin T. Smith, (eds.), Dictablanda. Politics, Work, and Culture in Mexico, 1938-1968, Durham-Londres, Duke University Press, 2014.
3 Ernesto Martínez Elorriaga, “Desplazadas, 100 familias por violencia entre ‘narcos’ en Michoacán”, Proceso.
4 Ver los trabajos de Victoria Malkin; Salvador Maldonado Aranda; Luz Nereida Prado; Hubert Cochet y Éric Léonard al respecto.
5 Al respecto, ver el Proyecto Amapola.
6 Entrevista con un líder de la autodefensa de Aguililla en febrero del 2014.
7 Ver el texto de Cecilia Farfán-Mendez en Noria Research, “‘Sinaloa no es Guerrero’. Ventajas de la economía legal para la ilegal”.
8 Ver el informe “Panorama minero del Estado de Michoacán – 2017”, producido por el Servicio geológico mexicano.
9 Ver Romain Le Cour Grandmaison, “Michoacán es un cuarto oscuro”, nexos.
10 Fue arrestado hace pocas semanas en Guatemala por narcotráfico, y en vía de extradición a los Estados Unidos.
11 Ver Romain Le Cour Grandmaison, “Orden, soberanía(s) y violencia en México. Otra propuesta”, nexos.
Cita esta publicación
Le Cour Grandmaison, R. (2021, 19 abril). Aguililla: la guerra es política por otros medios. nexos. Recuperado el 09 de March de 2026 de https://seguridad.nexos.com.mx/aguililla-la-guerra-es-politica-por-otros-medios/
Le Cour Grandmaison, Romain. “Aguililla: la guerra es política por otros medios.” nexos, abril 19, 2021. https://seguridad.nexos.com.mx/aguililla-la-guerra-es-politica-por-otros-medios/
LE COUR GRANDMAISON, Romain. Aguililla: la guerra es política por otros medios. nexos [en línea]. 19 abril 2021. [Consulta: 09 March 2026]. Disponible en: https://seguridad.nexos.com.mx/aguililla-la-guerra-es-politica-por-otros-medios/
Le Cour Grandmaison, Romain. “Aguililla: la guerra es política por otros medios.” nexos. 19 Abr. 2021, https://seguridad.nexos.com.mx/aguililla-la-guerra-es-politica-por-otros-medios/.
Roman, qué nombre y apellidos tan difíciles, eso de no ser francés; en fin, todo tiene su lado bueno aunque se haya ido a la Sorborna; en un tiempecito que tengas y si quieres y puedes, date una vuelta por Ciudad Juárez, Chih., y verás como Aguililla, languidece. Un abrazo Monsiur. Vale.