Los episodios violentos dentro de las escuelas son cada vez más frecuentes. La literatura sugiere que los patrones de conductas antisociales de jóvenes agresores conducen a procesos de desintegración social que para muchos representan la antesala a su participación en actividades delictivas. Para entender mejor cómo la violencia relacionada con el crimen organizado permea en las escuelas, en un estudio elaborado por el Laboratorio de Pobreza, Violencia y Gobernanza de la Universidad de Stanford, analizamos si la violencia criminal tiene una asociación directa con la conducta violenta entre estudiantes. Asimismo, exploramos si factores de riesgo familiares, escolares y sociales desempeñan un rol mediador entre la violencia criminal y la violencia escolar.

Utilizando la Encuesta Nacional sobre Exclusión, Intolerancia y Violencia en las Escuelas de Educación Media Superior en 2009, generamos índices de violencia escolar. Denominamos violencia escolar a la violencia por y dirigida hacia estudiantes de una misma escuela y la clasificamos en tres categorías:1 1) violencia física que puede ser directa por medio de golpes y el uso de armas, e indirecta a través de daños a objetos personales; 2) violencia verbal que puede ser cara a cara, por escrito o por medios electrónicos, y 3) violencia social que consiste en la difusión de rumores para generar una percepción social negativa de la víctima o afectar su aceptación dentro de la escuela. Es importante destacar que, como describimos en nuestro artículo anterior, nuestro análisis de violencia considera a los adolescentes como víctimas y agresores, por lo que nuestros índices miden, para las tres categorías, tanto uso de violencia, como victimización.

Ilustración: Víctor Solís

Uso de violencia física, verbal y social en la escuela

Para medir si la violencia asociada al crimen organizado se relaciona con el uso de violencia escolar, en la Figura 1, mostramos los coeficientes de un modelo de regresión lineal en el que buscamos predecir el uso de los tres tipos de violencia con variables a niveles localidad, colonia, escuela, familia e individual. Entre las principales correlaciones, destacamos:

1. Vivir en una localidad con niveles altos de violencia predice positiva y significativamente un mayor uso de violencia dentro de la escuela.

2. Se observa significativamente más uso de violencia entre los estudiantes que consideran que la inseguridad y violencia es frecuente en su colonia.

3. Existe un uso más frecuente de violencia en escuelas donde se vende droga y donde los profesores no atienden la violencia escolar.

4. Los estudiantes que reportan ser víctimas frecuentes de violencia familiar también muestran niveles mayores de violencia escolar.

5. Pertenecer a una pandilla, consumir drogas y justificar o estar a favor del comportamiento violento predicen mayor uso de violencia.

Figura 1. Predictores del uso de violencia física, verbal y social entre estudiantes

Nota: Estimación por mínimos cuadrados ordinarios con efectos fijos por entidad y errores estándar agrupados por escuela. Intervalos de confianza de 95%. Datos de Encuesta Nacional sobre Exclusión, Intolerancia y Violencia en las Escuelas de Educación Media Superior (2009) y de la Secretaría de Salud (2008).

Victimización por violencia física, verbal y social en la escuela

En el análisis de la victimización por los tres tipos de violencia escolar, encontramos resultados similares. En general, la Figura 2 muestra que:

1. Los jóvenes que residen en localidades con niveles altos de violencia reportan significativamente mayores niveles de victimización de violencia física, verbal y social.

2. Los que viven en una colonia violenta e insegura reportan mayores niveles de victimización de violencia física y social que los que viven en una colonia sin violencia frecuente.

3. Los estudiantes que reportaron que los profesores no atienden la violencia escolar y que auto-reportaron ser víctimas de violencia familiar presentan niveles significativamente más altos de victimización de violencia física, verbal y social. 

4. En cuanto a la pertenencia a pandillas, no encontramos una correlación significativa con los reportes de victimización.

Figura 2. Predictores de la victimización de violencia física, verbal y social entre estudiantes

Nota: Estimación por mínimos cuadrados ordinarios con efectos fijos por entidad y errores estándar agrupados por escuela. Intervalos de confianza de 95%. Datos de Encuesta Nacional sobre Exclusión, Intolerancia y Violencia en las Escuelas de Educación Media Superior (2009) y de la Secretaría de Salud (2008).

Factores de riesgo comunitarios, familiares e individuales

Si analizamos el efecto de vivir en una colonia violenta, encontramos que los estudiantes que reportaron pertenecer a una pandilla y residir en este tipo de colonia, en promedio, usan más violencia física. Asimismo, entre los estudiantes que no forman parte de una pandilla, el uso de violencia física es menor, residan o no en una colonia que consideran violenta e insegura.

Figura 3. Predicción del uso de violencia física de acuerdo a la interacción de pertenencia a una pandilla y violencia en la colonia

También observamos que la predicción de uso de violencia física entre estudiantes que viven en una colonia violenta y reportaron ser víctimas de violencia familiar es bastante alta. Asimismo, el uso de violencia física es mayor entre los estudiantes que indican que se vende droga en la escuela y además viven en una colonia que consideran violenta e insegura, comparados con los que no residen en colonias violentas, o comparados con los que reportan venta de drogas en colonias no violentas.

Figura 4. Predicción del uso de violencia física de acuerdo a las interacciones de violencia en la colonia y violencia familiar y venta de droga en la escuela


Una primera conclusión que se desprende de nuestros resultados es que las expresiones de violencia que se manifiestan en la familia y la localidad se están reproduciendo dentro de la escuela Es indispensable responder mediante estrategias que, por un lado, busquen proteger a los niños y jóvenes de la violencia familiar y comunitaria. Por otro lado, se necesita diseñar intervenciones dentro de los planteles escolares para controlar la agresión y violencia entre estudiantes. La escuela debe fortalecer su función socializadora, brindando alternativas de formación y desarrollo de valores pacíficos y habilidades sociales que hagan posible la integración productiva de los jóvenes en la sociedad.

Dicha tarea no es fácil en comunidades escolares localizadas en entornos de alta vulnerabilidad, donde profesores y directivos carecen de herramientas para abordar temas como la violencia familiar, el pandillerismo y la cultura de la calle. Con los escasos recursos con los que cuentan las escuelas públicas, pocas veces se logran implementar intervenciones sostenibles. La atención a la violencia escolar es un problema que en muchos sentidos supera al trabajo docente y exige de políticas públicas con un enfoque integral. Desagraciadamente, las estrategias de “mano dura” han sido las alternativas más comúnmente adoptadas a pesar de su inefectividad y de que terminan por reproducir actos violentos. Se requiere un cambio de paradigma, en el que la cultura de la paz y los principios de dignidad, democracia y derechos humanos sean el marco que defina las políticas de tratamiento y prevención de la violencia escolar.

 

Beatriz Magaloni es profesora de Ciencia Política y directora del Laboratorio de Pobreza, Violencia y Gobernanza en la Universidad de Stanford y Elisa Lavore, Brenda Jarillo y Cesángari López son colaboradoras del mismo.


1 Ruiz, G.; Muñoz, G. (2008). Acoso escolar, en J. Sanmartín, J. R. Gutiérrez Lombardo y J. Martínez Contreras (eds.) Reflexiones sobre la violencia.