Una de las grandes paradojas de la guerra contra las drogas es que convirtió a los narcotraficantes en “guerreros del crimen”1 con incentivos crecientes para enfrentar, con instrumentos de combate armado, al Estado y a organizaciones rivales. Esta guerra sucede en un contexto de profunda inequidad que es fuente adicional de violencia. Primero, porque genera barreras de exclusión que vuelve más atractiva la ruta del crimen para quienes no pueden, mediante vías legales, alcanzar dinero, poder, prestigio, etc. Segundo, porque las instituciones públicas protegen los privilegios de los más ricos, mientras dejan sin oportunidades a jóvenes pobres.

Es momento de pacificar al país. En el Laboratorio de Pobreza, Violencia y Gobernanza de la Universidad de Stanford, consideramos que esto será posible si se diseñan políticas de prevención que reconozcan a los jóvenes como las principales víctimas del delito y, también, como sus principales victimarios. No podemos ignorar que la probabilidad de ser víctima de homicidio en México es más alta en hombres entre los 14 y 39 años2 y que la actividad delictiva comienza en la adolescencia temprana.3

Ilustración: Estelí Meza

Guerras territoriales

La violencia en México está íntimamente relacionada con “guerras por territorio” entre organizaciones criminales rivales. Las luchas territoriales generan aumentos explosivos de violencia. Esto sucedió en Ciudad Juárez ente 2010 y 2011 y explican, tanto la violencia en Acapulco, Guerrero, como la actual guerra en Tijuana, Baja California, donde recientes enfrentamientos entre el Cartel Jalisco Nueva Generación y el Cartel de Sinaloa dejaron más de 700 homicidios en menos de un año.

Estas guerras no sólo son extraordinariamente letales, sino provocan daños sociales irreparables. En este artículo, queremos enfatizar el daño que ocasionan a los más jóvenes. Por ejemplo, durante la etapa de mayor violencia en Ciudad Juárez, Chihuahua, los niños pandilleros en colonias como Gustavo Díaz Ordaz, Plutarco Elías Calles y Adolfo López Mateos se convirtieron en la “carne de cañón” de grupos como La Línea, Los Aztecas y Los Mexicles, asociados con los cárteles que entonces disputaban el territorio.

Nuestra investigación demuestra que lo que sucedió en Ciudad Juárez no es atípico, ya que las guerras territoriales se asocian con aumentos explosivos de homicidios y de pandillerismo. Es de esperarse que, a medida que el territorio se vuelve violento, los jóvenes busquen asociarse con pandillas por necesidad económica, de afecto y de protección en barrios en los que el Estado no la ofrece.

Una vez que un niño se inserta en un círculo violento, es más probable que adopte comportamientos violentos. Además, entre pandillas, la violencia es contagiosa ya que un conflicto entre grupos rivales se escala fácilmente por venganzas o para mandar señales que disuadan agresiones futuras.4

Si analizamos los cuestionarios a directores de secundaria de la prueba ENLACE en el periodo 2008-2013,5 observamos que 1) un tercio de las escuelas del país reportó pandillas alrededor de sus instalaciones en algún momento del ciclo escolar y 2) fueron tipos específicos de planteles los que presentaron la mayor vulnerabilidad.

En la Figura 1, mostramos la estimación de un sencillo modelo logístico que mide qué características generales de las escuelas y de sus comunidades pueden predecir la presencia de pandillas.6 Del lado derecho de la línea roja, observamos las características que aumentan la razón de probabilidades y, del lado izquierdo, aquéllas que la disminuyen.7 El modelo sugiere lo siguiente:

• Los estudiantes que asisten a los turnos vespertino y nocturno podrían ser más vulnerables a interactuar con una pandilla que los que asisten al turno matutino.
• Las telesecundarias y secundarias comunitarias se ven menos afectadas por pandillas que las secundarias regulares.
• Las escuelas financiadas por la federación y las privadas son menos vulnerables a la presencia de pandillas que las de sostenimiento estatal.
• Las escuelas localizadas en municipios donde ocurrió una “guerra por territorio” son más proclives a presenciar más pandillas.

Figura 1. Predictores de la presencia de pandillas alrededor de las escuelas

Nota: Modelo logístico con efectos fijos por año y entidad. Coeficientes reportados en razones de probabilidades. Intervalos de confianza de 95%. Datos por escuela de ENLACE 2008-2013 y de la Secretaría de Salud, a nivel municipal, en el mismo periodo.

Empíricamente, identificamos una “guerra por territorio” cuando el número mensual de homicidios municipales aumenta en forma inesperada – dos desviaciones estándar arriba del promedio móvil de los homicidios en ese municipio durante los años previos.8 Es decir, el coeficiente de esta variable nos muestra una clara correlación entre muertes atípicas causadas por la lucha entre organizaciones rivales y la proliferación del pandillerismo.

Derivamos dos conclusiones: 1) durante los años más violentos del periodo 2008-2013, cerca de 2 millones de estudiantes de secundaria estuvieron en riesgo de ser víctimas de una red delincuencial– niños y niñas de entre 11 y 15 años, y 2) la relación entre pandillas y delincuencia organizada podría implicar  que las primeras fueron utilizadas como mecanismo de reclutamiento, y que fueron la respuesta de los jóvenes a la tiranía del crimen. En ambos casos, parece ser que el crimen organizado hace sentir su presencia en las escuelas mediante aumentos en pandillerismo y en homicidios de jóvenes.

Un primer paso para localizar a estudiantes en riesgo de reclutamiento o victimización es la comparación, en cada municipio y localidad del país, de la tasa de homicidios con el porcentaje de escuelas que reportan pandillas. Por ejemplo, al analizar el área metropolitana de la Ciudad de México, identificamos dos ejemplos reveladores: Ecatepec, en el Estado de México, y Gustavo A. Madero, en la capital del país.

En la Figura 2 mostramos que, en Ecatepec los homicidios y las pandillas crecieron explosivamente; para 2012, más de una tercera parte de las secundarias del municipio reportaron la presencia de este tipo de agrupaciones, mientras los homicidios pasaron de 213 en el año 2008, a 543 en 2012.

En contraste, la Figura 2 muestra que en la delegación Gustavo A. Madero (vecina de Ecatepec), aunque hubo un aumento de homicidios, éste no fue explosivo o atípico y no se asoció ni a una guerra entre grupos criminales ni a las variaciones en reporte de pandillas.

Figura 2. Porcentaje de secundarias con pandillas y tasa de homicidios en Gustavo A. Madero y Ecatepec (2008-2013)

Nota: Tasas de homicidio por 100,000 habitantes. Datos de ENLACE 2008-2013 y de la Secretaría de Salud, a nivel municipal, en el mismo periodo.

Si bien basamos nuestro análisis en los autoreportes de los directores,9 creemos que nuestros resultados sugieren cómo identificar los territorios en los que la delincuencia organizada utiliza a las pandillas para incrustarse en la comunidad. En futuros ensayos explicaremos a mayor detalle en este espacio los círculos de violencia en los que se encuentran los jóvenes de municipios periféricos10 y violentos como Ecatepec. También describiremos qué factores protegen a los jóvenes de ser reclutados por las organizaciones criminales y cuáles los vulneran y propondremos acciones concretas para reducir la violencia dentro y fuera de las escuelas en estas zonas.

 

Beatriz Magaloni
Profesora de Ciencia Política y directora del Laboratorio de Pobreza, Violencia y Gobernanza en la Universidad de Stanford

Cesángari López
Investigadora Asociada al mismo laboratorio.


1 El término en inglés es ”warlords”, análogo al título del libro Gangster warlords: Drug dollars, killing fields, and the new politics of Latin America de Ioan Grillo.

2 Calderón, G., G. Robles, A. Díaz-Cayeros y B. Magaloni (2015). “The beheading of criminal organization and the dynamics of violence in Mexico.” Journal of conflict resolution. Vol 59(8), 1455-1485.

3 Terrie, E. M. (2018). “Adolescence-limited and life-course-persistent offending: A complementary pair of developmental theories.” Developmental theories of crime and delinquency, 11–54. Routledge.

4 El contagio por venganza fue responsable de 63% de los homicidios registrados en la ciudad de Chicago  entre 2006 y 2014. Green, B., Horel, T. and Papachristos, A.V. (2017). “Modeling contagion through social networks to explain and predict gunshot violence in Chicago, 2006 to 2014”. JAMA internal medicine, 177(3), pp.326-333.

5 Muestra representativa a nivel nacional de escuelas secundarias.

6 Para el modelo, consideramos que una escuela tiene presencia de pandillas si el director reportó observar “siempre” o “casi siempre” pandillas cerca de la escuela durante el ciclo escolar.

7 Los coeficientes asociados a cada característica están acompañados por líneas horizontales que representan los intervalos de confianza de cada estimación.

8 Calderón G., G. Robles y B. Magaloni (2013). “The economic consequences of drug-trafficking violence in Mexico.” Research Department Publications. IDB-WP-426, Inter-American Development Bank.

9 Es posible que la percepción de los directores sobre qué es una pandilla haya cambiado después de haber sufrido una mayor exposición a actos violentos.

10 Preferimos no utilizar la palabra marginados, sino periféricos, pues lo segundo refleja que el Estado y las condiciones socioeconómicas mantienen a sus pobladores en la periferia, pero no sin capacidad de autodefinición.