• Lessing, Benjamin (2018), Making Peace in Drug Wars: Crackdowns and Cartels in Latin America, Cambridge, Cambridge University Press.
• Yashar, Deborah J. (2018), Homicidal Ecologies. Illicit Economies and Complicit States in Latin America, Cambridge, Cambridge University Press.
• Bergman, Marcelo (2018), More Money, More Crime. Prosperity and Rising Crime in Latin America, Oxford, Oxford University Press.
Más allá de los países en guerras civiles, Latinoamérica destaca como una de las regiones más violentas del mundo de acuerdo con fuentes de información diversas: encuestas de victimización, estadísticas de mortalidad por homicidios, o datos disponibles de crímenes patrimoniales (robo–secuestro). Paradójicamente, después de diversos ciclos de crisis, la región logró años de crecimiento económico sostenido pero el crimen en sus dimensiones fue al alza. Tres libros salieron a la luz para explicar este fenómeno. Making Peace in Drug Wars de Benjamin Lessing, Homicidal Ecologies de Deborah Yashar, y More Money, More Crime de Marcelo Bergman.
Aunque cada autor explica este fenómeno desde su propia propuesta teórica, ya sea equilibrio de alta criminalidad (Bergman), cabildeo violento (Lessing) o ecologías homicidas (Yashar), los tres coinciden en un diagnóstico desalentador: la combinación de represión violenta y debilidad institucional ha conducido a ciertos países —Brasil, México, Colombia, El Salvador y Guatemala— a escalas muy altas de violencia. Estos cinco casos son analizados en alguno de los tres libros y todos comparten la característica de tener Estados relativamente débiles pero políticas represivas que han exacerbado la violencia.
El papel de la corrupción de las autoridades policiales y de justicia es clave en la narrativa de los tres autores sobre Latinoamérica. Lessing sostiene que la violencia homicida se dispersa esencialmente como un mecanismo de cabildeo: es decir, las organizaciones criminales la utilizan para amenazar a las autoridades para provocar cambios en sus estrategias de persecución. El caso de “calentar la plaza” de México es un claro ejemplo de esta estrategia. Bergman sostiene que la corrupción es lo que hace que los equilibrios violentos se agudicen, dado que la compra de autoridades disminuye dramáticamente las posibilidades de desalentar los homicidios. Por su parte, Yashar señala que las localidades con violencia se caracterizan por autoridades propensas a recibir sobornos o que son incapaces de sostener represión por largos periodos de tiempo.

Ilustración: Ricardo Figueroa
La metodología de análisis de los tres autores es diferente entre sí, pero les llevó a conclusiones similares. Mientras que Lessing rastreó los procesos violentos en Brasil, México y Colombia con una nueva base de datos, Bergman estudió las encuestas de victimización y de población penitenciaria en toda América Latina, y Yashar exploró las estadísticas de homicidio de toda la región y algunos casos regionales, concentrándose en Centroamérica. No obstante, las diferencias radican en los detalles de los mecanismos que encuentran: Lessing destaca sobre todo las acciones represivas del Estado, Bergman las debilidades institucionales, y Yashar la corrupción. Pero después de leer los tres libros, queda claro que los énfasis no crean un escenario tan disímbolo.
Sin lugar a dudas, el libro más profundo es el de Bergman. Su ventaja es el conocimiento de la literatura criminológica más actualizada y una sistematización exhaustiva de estadística y evidencia en la investigación de todos los países que revisa. Por ejemplo, explota las encuestas de la población en las cárceles disponibles en América Latina y llega a conclusiones importantes: los mercados ilícitos, a diferencia de lo que se señala en medios de comunicación, siguen siendo los vinculados al tráfico de drogas. El autor derrumba numerosas sospechas mediáticas con información de primera mano y propone alternativas siempre sugerentes bajo la línea de que la prosperidad en la región ha creado una enorme oportunidad de tráfico de drogas y de ingresos que antes no se habían notado. Pero su argumento no se reduce al mercado de drogas, sino que también revisa las estadísticas sobre secuestro, robo de celular, robo de automóvil, e invariablemente todos estos indicadores están al alza, incluso antes de que los episodios más violentos sucedieran en México.
En cambio, Lessing se aproxima a tres casos y nota que la selectividad de la represión de las autoridades tiene efectos claros sobre los patrones de homicidio. En el camino, hace una propuesta audaz: la represión condicionada a ciertos comportamientos puede reducir las escaladas violentas. Sus casos son la tregua con Pablo Escobar en Colombia, la política de pacificación de las favelas en Río de Janeiro y la reducción de los operativos militares en México durante la administración de Enrique Peña Nieto. La paradoja es que estas políticas conllevan dos problemas: si la condicionalidad falla habrá una nueva reacción violenta, y de presentarse esta última, la tentación por el uso de la “mano dura” se hará presente, reforzando un ciclo de reacciones violentas por parte de las organizaciones criminales.
Las diferencias entre Lessing y Bergman sobre el mecanismo que hace a ciertos países más propensos al conflicto armado se centran en la forma en la que el Estado ejecuta las estrategias represivas. Mientras Lessing lo observa desde el lente del conflicto armado, Bergman lo hace desde el lente institucional-criminológico, lo que quiere decir que uno ve más por las acciones concretas de las autoridades y, el otro, por sus ausencias en momentos claves de cambios en los mercados globales de drogas. Aunque las diferencias no son irreconciliables, es necesario remarcar que ambos usan perspectivas y metodologías diferentes.
Mientras tanto, Yashar tiene una preocupación más centrada en los casos de Centroamérica y cómo ciertas decisiones crearon espacios locales violentos, además de discernir si el legado de las guerras civiles es lo que realmente podría estar detrás.
No es lejano a los tres autores el carácter globalizado de la violencia en América Latina. Claramente la apertura económica, los shocks de las autoridades a los mercados de drogas más importantes y el enfoque global del régimen internacional de prohibición de drogas determina muchas de las conclusiones de los autores, sobre todo como un contexto que trae consigo, en ocasiones, shocks externos. Quizás hubiese sido interesante que este aspecto en específico destacara más dada la influencia de los Estados Unidos en los países de la región, sobre todo en la implementación global de las políticas antidrogas. Lessing es el más consciente de ello y destaca en varias ocasiones del papel de la DEA en el resurgimiento de los ciclos represivos.
La diferencia esencial está en cómo los tres autores observan el contexto socioeconómico. Bergman es claro en decir que la apertura de los mercados ilícitos es el mayor motivo de crecimiento del crimen y descarta los otros factores que usualmente se esgrimen en la literatura en criminología: desempleo, desigualdad o las crisis económicas. Quizás el énfasis en la prosperidad de Bergman falla en responder a la creciente ola de estudios sobre mediciones alternativas de la desigualdad, mejorar el subregistro de las grandes fortunas, o mejor considerar los mercados de trabajo. Y aunque Yashar utiliza el término ecología, no revisó en absoluto la criminología ecológica, que pudo haber reforzado sus argumentos. Parece que aspira a generar un argumento sociológico, pero termina enterrada en la terminología en ciencia política. Lessing prácticamente no atiende en mucho este contexto.
Las tres obras, Making Peace in Drug Wars: Crackdowns and Cartels in Latin America; Homicidal Ecologies. Illicit Economies and Complicit States in Latin America y More Money, More Crime. Prosperity and Rising Crime in Latin America, aportan un panorama muy claro para aquellos estudiosos y estudiantes de la violencia en la región y deberían ser leídos en conjunto. No es casual que en un mismo año vean la luz tres libros de la misma problemática: una generación de investigadores está tratando de atender el tema y probablemente nuevas generaciones vendrán. Esperemos que los próximos sean estudios de caso más puntillosos y una disección más profunda en búsqueda de algunas buenas teorías de mediano rango para crear políticas públicas más eficientes.
Raúl Zepeda Gil
Sociólogo y politólogo. Estudiante de Doctorado en la Escuela de Estudios de Seguridad en King’s College London.
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Zepeda Gil, R. (2020, 23 marzo). Tres libros para explicar la violencia en Latinoamérica. nexos. Recuperado el 24 de February de 2026 de https://seguridad.nexos.com.mx/tres-libros-para-explicar-la-violencia-en-latinoamerica/
Zepeda Gil, Raúl. “Tres libros para explicar la violencia en Latinoamérica.” nexos, marzo 23, 2020. https://seguridad.nexos.com.mx/tres-libros-para-explicar-la-violencia-en-latinoamerica/
ZEPEDA GIL, Raúl. Tres libros para explicar la violencia en Latinoamérica. nexos [en línea]. 23 marzo 2020. [Consulta: 24 February 2026]. Disponible en: https://seguridad.nexos.com.mx/tres-libros-para-explicar-la-violencia-en-latinoamerica/
Zepeda Gil, Raúl. “Tres libros para explicar la violencia en Latinoamérica.” nexos. 23 Mar. 2020, https://seguridad.nexos.com.mx/tres-libros-para-explicar-la-violencia-en-latinoamerica/.
Entiendo que en un estado de estabilidad económica de una región, la violencia es menor. Pues las organizaciones criminales reclutan en mayor cantidad a los jóvenes de clase baja. Y bueno la corrupción en las organizaciones policiacas es un lastre. Saludos