Tres hipótesis sobre la militarización en México

La promesa de desmilitarizar la vida pública en México por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador lo acompañó durante gran parte de su trayecto a la presidencia. Durante las campañas de 2012 y 2018, insistió en que el Ejército debía regresar a los cuarteles en un plazo no mayor a seis meses. Al día de hoy, la realidad es muy distinta. Se han encomendado al Ejército tareas y funciones que en gobiernos anteriores estaban relacionadas con la esfera civil.

¿Cuál es la lógica política de la transferencia de responsabilidades típicamente civiles a los militares? Tengo tres hipótesis, que, si bien son distintas, comparten algunos rasgos en común. La primera tiene que ver con la legitimidad del Ejército. La segunda, con la centralización de la política de seguridad. Finalmente, la tercera está relacionada con la narrativa y los simbolismos que el movimiento del presidente representa.

Ilustración: Patricio Betteo

Legitimidad

El Ejército es una de las instituciones mejor evaluadas por la sociedad. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad, sus niveles de aprobación son los más altos entre aquellas instituciones dedicadas a la seguridad pública, seguridad nacional y procuración de justicia. Casi 9 de cada 10 mexicanos afirman confiar en el Ejército.1

Esto puede explicarse debido a que, al menos desde la segunda mitad del siglo pasado, ha sido uno de los instrumentos de los que más ha echado mano el Estado mexicano para proteger a las comunidades que históricamente se encuentran más abandonadas. El Ejército mexicano ha sido responsable de brindar auxilio a la población mediante distintas actividades: evacuación de poblaciones en riesgo y rescate de personas ante desastres naturales, seguridad y resguardo de áreas afectadas, etc.

Desde esta perspectiva, es entendible que el presidente quiera aumentar el involucramiento de los militares en funciones que no han sido tradicionalmente asociadas a ellos. Al menos en principio, son una institución altamente popular y que cuenta con legitimidad ante la sociedad.

Centralización de la política de seguridad

La segunda razón por la que puede explicarse la transferencia de responsabilidades hacia el Ejército tiene que ver con la postura del presidente respecto de la política de seguridad pública. Constantemente, el presidente ha mencionado que la responsabilidad de lograr la disminución de la violencia en el país es mayoritariamente suya, y que las decisiones relevantes en esta materia deben de contar con su consentimiento. Así lo hizo desde que era jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, cuando la primera orden del día era juntarse con los responsables de la política de seguridad para que le informaran de los sucesos más relevantes y poder actuar en consecuencia; y así lo hace ahora que es presidente, replicando el mismo método a nivel federal.2

Para poder ejercer el nivel de influencia deseado en la política de seguridad, el presidente decidió centralizar la toma de decisiones de la política de seguridad pública a nivel federal en una sola institución: la Guardia Nacional. En su rol de jefe supremo de las Fuerzas Armadas (de las que depende la Guardia Nacional), el presidente puede incidir directa y unilateralmente en la configuración de esta política: estrategias a seguir, priorización de objetivos y, como se vio en el caso de Ovidio Guzmán, incluso incidir en la operatividad.3

Simbolismo

Finalmente, la transferencia de responsabilidades civiles hacia el Ejército puede explicarse desde la narrativa del presidente sobre la importancia de diferenciar la administración que él encabeza de administraciones pasadas. En ese sentido, la utilidad del Ejército no recae únicamente en su dimensión práctica, sino también simbólica, dado que, al menos desde la perspectiva del presidente, el Ejército representa mucho de los valores que su administración quieren transmitir. En particular, su carácter nacional y popular. Heredero directo de la Revolución mexicana, el Ejército mexicano es, de acuerdo con el presidente, “pueblo uniformado”,4 debido a que está integrado mayoritariamente por campesinos y ciudadanos provenientes de clases sociales bajas.5

A raíz de lo anteriormente expuesto, ¿qué se puede esperar de la militarización de la vida pública?

Primero, una disminución en los niveles de aprobación del Ejército derivado de un desgaste conforme se vaya involucrando en más actividades.

Si bien es cierto que el Ejército es una institución altamente capacitada, profesional y con una estructura sólida, su marco de actuación siempre ha estado relativamente bien acotado a tareas en las que, por su formación y disciplina, eran especialistas.

En la nueva configuración política propuesta por el presidente, en la que se hacen cargo de cada vez más responsabilidades, se corre el riesgo de que los militares se involucren en funciones para las que no se encuentran preparados. Particularmente, aquellas relacionadas con la esfera de seguridad pública, en la que se requieren interacciones constantes con la ciudadanía para alcanzar resultados positivos. Esta situación podría dejar expuesta la institución y consecuentemente disminuir su legitimidad. 

Segundo, un empeoramiento de las condiciones de seguridad pública. Si el presidente ha mostrado proclividad por centralizar la toma de decisiones en la política de seguridad pública y el Ejército es una institución que por diseño se lo permite, lo natural es que este proceso de centralización se profundice aún más. Este proceso, además, iría en detrimento de la construcción de capacidades policiales a nivel local. Contar con un Ejército fuerte y tener policías locales sólidas no son procesos necesariamente incompatibles. Sin embargo, en el contexto mexicano actual, en el que una gran parte de las policías locales no cuentan con la solidez necesaria para garantizar la provisión de seguridad pública, éstas sí dependen (entre muchas otras cosas) de apoyo y soporte a nivel federal. Es decir, que al apostar por el fortalecimiento de la Guardia Nacional, tácitamente se está apostando por el debilitamiento de las policías locales.

La labor del Ejército es crucial para atender amenazas de seguridad nacional, y para realizar labores de apoyo en tareas de seguridad interior y seguridad pública. Sin embargo, como está ampliamente documentado, los principales responsables de la provisión de seguridad pública deberían ser las policías.6 Mientras que el Ejército está entrenado bajo una lógica de combate al enemigo y protección del territorio, las policías son quienes, desde una lógica eminentemente local, regulan y controlan las interacciones cotidianas de la ciudadanía. No hay razones para pensar que se obtendrán mejores resultados en términos de seguridad pública si al centro de la política de seguridad se encuentra el Ejército en lugar de las policías.

 

Guillermo Guevara
Maestro en Políticas Públicas por la Universidad de Chicago. Se especializa en temas de seguridad y justicia,con énfasis en reforma policial.


1 Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (2020).

2 Ver por ejemplo: “AMLO: yo seré responsable de la seguridad, no mi gabinete”, Milenio, 2018.

3 “AMLO se contradice y dice que él ordenó la liberación de Ovidio Guzmán y no su gabinete de seguridad”, Animal Político, 2020.

4 “No vamos a enfrentar hermanos con hermanos, el Ejército es pueblo uniformado: AMLO”, Animal Político, 2019

5 Marcos Pablo Moloeznik, “Las Fuerzas Armadas en México, entre la atipicidad y el mito”, Nueva Sociedad (213), 2008.

6 Ver por ejemplo: Rodrigo Canales, Rethinking Police Organizations”, Yale Insights, 2020; o Lucía Dammert y John Bailey, “Public Security and Police Reform in the Americas, University of Pittsburgh Press, 2008.


Cita esta publicación

Guevara, G. (2021, 17 mayo). Tres hipótesis sobre la militarización en México. nexos. Recuperado el 01 de March de 2026 de https://seguridad.nexos.com.mx/tres-hipotesis-sobre-la-militarizacion-en-mexico/

Guevara, Guillermo. “Tres hipótesis sobre la militarización en México.” nexos, mayo 17, 2021. https://seguridad.nexos.com.mx/tres-hipotesis-sobre-la-militarizacion-en-mexico/

GUEVARA, Guillermo. Tres hipótesis sobre la militarización en México. nexos [en línea]. 17 mayo 2021. [Consulta: 01 March 2026]. Disponible en: https://seguridad.nexos.com.mx/tres-hipotesis-sobre-la-militarizacion-en-mexico/

Guevara, Guillermo. “Tres hipótesis sobre la militarización en México.” nexos. 17 May. 2021, https://seguridad.nexos.com.mx/tres-hipotesis-sobre-la-militarizacion-en-mexico/.


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Publicado en: Agenda

Un comentario en “Tres hipótesis sobre la militarización en México

  1. Un par de comentarios. 1) Dice el autor a manera de conclusión que «No hay razones para pensar que se obtendrán mejores resultados en términos de seguridad pública si al centro de la política de seguridad se encuentra el Ejército en lugar de las policías.» En primer lugar, tendría que haber elaborado un poco por qué. Yo encuentro, al revés, varias razones para creer que sí. Pero además lo demostrable de su afirmación es justamente lo contrario de lo que dice: no hay razones para creer que se obendrán mejores resultados en materia de seguridad pública, dejando a las policías a cargo del asunto, que es lo que se había venido haciendo bajo el inalcanzable objetivo de «profesionalizarla». 2) El segundo comentario es que el candidato López Obrador no ‘prometió’ la desmilitarización de «la vida pública en México». Lo que planteó repetidas ocasiones desde 2007 hasta su campaña de 2018, es que era un error involucrar al ejército en tareas de seguridad pública para las que no estaba preparado y para las que no existía un marco legal adecuado. Y eso fue señalado, mutatis mutandis, por varios analistas imparciales sobre el tema, particularmente algunos de Nexos. De ahí la creación de la Guardia Nacional y la política pública que define su organización y tareas, así como la actividad transitoria de las fuerzas armadas en su soporte. Y en cuanto a la participación de las fuerzas armadas (ejército y marina) en tareas de construcción y administración alejadas de sus funciones principales, pero para las que sin duda están preparadas, más que una transición hacia la militarización de la vida, me parece una transición hacia la civilidad de la vida militar.

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