Hoy en día ya no es posible hacer investigación social sobre el fenómeno criminal sin revisar los lenguajes de la ciencia. Las categorías y los conceptos son instrumentos que dotan de sentido a los fenómenos del mundo. Conocer sus fundamentos es obligado si lo que se busca es comprender y explicar la realidad social. Una parte importante de las investigaciones actuales sobre grupos criminales todavía se estructuran en lo que llamamos lenguajes de primer orden. Esto es lo que ocurre al hablar sobre el “narcotráfico”, los “cárteles” o las “drogas”. El problema del lenguaje de primer orden es que le subyacen una serie de supuestos que impactan las observaciones científicas y las recomendaciones de política. Varios autores1 han mostrado el papel de los juegos de lenguaje en la construcción de la realidad social señalando la vinculación sistemática entre ese saber y el poder, al nombrar de una determinada forma los sucesos del mundo.
En esa misma línea, este artículo pretende desmenuzar los supuestos de la narrativa hegemónica sobre el discurso criminal, desmontando los distintos estratos metateóricos que subyacen a conceptos como “tejido social”, “narcotráfico”, “adicción”. Mi aportación es resultado de mi propia experiencia de investigación y de mi diálogo con el discurso sociológico y la literatura en el campo.2

Ejercicio arqueológico: los seis estratos de lo criminal
Una de las tareas de la ciencia social es describir el mundo sobre la base de categorías y conceptos. Debe reconocerse que las disciplinas y las perspectivas teóricas y metodológicas cada vez más reflexionan sobre su propio lenguaje y buscan construir instrumentos de mayor abstracción para conseguir sus objetivos científicos. Sin embargo, en fenómenos sociales politizados como el crimen, la violencia y las drogas en las cuales el Estado, los medios de comunicación, la academia y la sociedad civil han invertido tantos esfuerzos y recursos, muchas veces la premura para resolver la crisis de violencia y seguridad, y la necesidad de lenguajes comunes que permitan el entendimiento, hace que el lenguaje de primer orden mantenga su anclaje. Así, sobre la base de supuestos morales y políticos se ha consolidado la narrativa hegemónica que concibe al fenómeno criminal como un problema público que surge al romperse una supuesta y previa armonía social. A pesar de que varios de los estudios sobre el fenómeno criminal han hecho la crítica a las distinciones fáciles,3 lo cierto es que la narrativa persiste. El problema para la investigación científica es que los armazones conceptuales y teóricos que se emplean desde el lenguaje de primer orden descansan en una serie de supuestos que sesgan la observación. Aquí, identifico seis.
El estrato ontológico es quizá el más sorprendente. En el estado actual de la discusión en ciencias sociales, difícilmente alguien tomaría en serio el presupuesto del fenómeno criminal como realidad inexorable e independiente del punto de vista del observador. Sin embargo, lo criminal aún se piensa —y se estudia— como hecho social. El problema de la concepción realista del mundo es que fácilmente deriva en una posición normativa. A diferencia de una visión más constructivista, que eventualmente incluya la diferencia, la ontología clásica se aferra a la permanencia. Peor aún, si el mundo ya no es lo que solía ser, entonces es necesario reformarlo. Tal fue el grito de guerra del calderonismo.
Sobre la base de una realidad evidente por sí misma se edifica el sustrato epistemológico. El argumento es: para describir y explicar esa realidad es necesario observarla con instrumentos confiables que capturen con certeza los hechos del mundo y permitan medir para conocer. Así, la impronta objetivista ha colonizado la observación científica. Si bien estamos ya lejos del positivismo ingenuo de hace un siglo, hoy la certeza de los sesgos cognitivos se adopta como un desafío por remontar para mantener la certeza de la objetividad. Surge así la hegemonía de los datos y la obsesión por su recolección, sistematización y empleo con el ánimo de encontrar correlaciones, imaginar causalidades. El problema con esta forma de mirar el fenómeno es que se excluyen otras epistemologías, maneras de observar el fenómeno y entenderlo.
Sobre el estrato ontológico y epistemológico, se levanta el antropológico, del cual se ha escrito demasiado y desde tiempo atrás. Sin embargo, todavía se trasminan en la investigación actual, los viejos supuestos de la antropología filosófica y su concepción de los individuos a partir de la distinción moral buenos/malos —anclada en los imaginarios de una supuesta naturaleza humana. Cesare Lombroso, desde una posición empirista y evolucionista, hablaba desde antes del homo criminalis,4 y William Sheldon veía en el crimen un asunto de “degeneración moral”.5 La construcción del sujeto criminal finca sus raíces en las lógicas de la biopolítica y se expresa desde el Estado en el discurso público colonizando los lenguajes de la ciencia y de la sociedad civil.
Quizá una de las metáforas más desafortunadas en la narrativa hegemónica sobre lo criminal es la de “tejido social” donde se concibe el tema de la criminalidad como un problema de desestructuración de la sociedad. Tal supuesto se levanta desde el estrato sociológico. Si se revisa bien, se trata del viejo problema de la sociología del (des)orden social. Es decir, el supuesto metateórico de que lo social debe ser armonioso y que, por tanto, el delito, la protesta o el caos son disrupciones a la armonía. Hoy en día, existen críticas inteligentes sobre lo problemático de sostener tal visión normativa sobre lo social para analizar el fenómeno criminal.6 Sin embargo, ese paradigma del orden aún subyace en la narrativa hegemónica sobre lo criminal, sobre todo cuando se busca en la precarización, la pobreza, la educación —u otras condiciones sociales—, el origen de la violencia y de lo criminal.
Se llega, finalmente, al estrato deontológico. Temas como el uso de sustancias aparecen como un problema social que es necesario resolver. De esta manera, la impronta moral y política del lenguaje de primer orden se ha colado al instrumental conceptual de la política pública, de la criminología y de otras disciplinas científicas. La narrativa hegemónica de lo criminal se ha consolidado y anclado en los lenguajes de las disciplinas. Desde esta perspectiva, lo criminal no es una manifestación de lo social, sino su desviación o un problema de seguridad, de política económica o de impunidad. De tal manera, la ciencia social adquiere el carácter de herramienta de intervención y reforma, ya sea a través de políticas de seguridad o de reconstrucción comunitaria. Nuevamente se cierra el bucle foucaultiano entre saber y poder.
Hacia otros lenguajes
Es imperioso reconocer que una parte importante de las investigaciones actuales sobre el fenómeno criminal se levantan sobre la narrativa hegemónica que, desde el Estado, describe al crimen, a sus formas de organización y a los sujetos que lo integran con categorías morales (los malos), jurídicas (delincuentes) y políticas (enemigos).7 Se trata de una estrategia del biopoder que estigmatiza y criminaliza el fenómeno. En el ámbito de la política pública, la adopción acrítica de ese lenguaje está cargada de semántica política, jurídica y moral. Sin embargo, no todo el cúmulo de investigaciones sobre el tema se monta sobre los mismos presupuestos. Habrá que reconocer que la propia lógica de autorreflexión de la investigación científica apunta cada vez más a elaborar una crítica de sus propios lenguajes.
Esto no exime seguir imaginando propuestas para remontar los lenguajes de primer orden y estudiar el fenómeno de lo criminal desde perspectivas teóricas distintas y distantes a la hegemónica.
Edgar Guerra
Cátedra del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) adscrito como profesor-investigador al Programa de Política de Drogas del CIDE. Es Doctor en Sociología por la Universidad de Bielefeld. Sus líneas de trabajo se encuentran en el campo de la sociología de los grupos armados, de los movimientos sociales y la política de drogas. Integrante del Consejo Directivo Colegiado del Sindicato independiente de trabajadoras y trabajadores de investigación de Cátedras Conacyt.
1 Ver: Astorga, L. Seguridad, traficantes y militares. El poder y la sombra. México, Tusquets, 2007; Gaussens, P. “La organización del crimen: delincuentes y caciques en tiempos de ‘guerra al narco’”, Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, 65(240), 2020; Zavala, O. Los cárteles no existen, Narcotráfico y cultura en México. Barcelona/México, Malpaso, 2018.
2 Presenté las líneas generales de este texto los presenté en el Seminario Internacional de Sistemas Sociales, Redes y Complejidad, y es parte del argumento de un texto más amplio en el que propongo estudiar el fenómeno del orden social criminal desde la perspectiva teórica de los sistemas sociales desarrollada por el sociólogo Niklas Luhmann.
3 Le Cour Grandmaison, R. “Michoacán es un cuarto oscuro”, nexos, 2019.
4 Beirne, P. Inventing Criminology: Essays on the Rise of “Homo Criminalis, Albany, State University of New York Press, 1993.
5 Hall, S., y Winlow, S. New directions in criminological theory. New York, Routledge, 2012.
6 Farfán Méndez, C. “Las piezas olvidadas del rompecabezas: deconstruyendo hipótesis sobre la alta tasa de homicidios en México”, Animal Político, 2020.
7 Madrazo Lajous, A. “Criminals and enemies? The drug trafficker in Mexico’s Political Imaginary”, Mexican Law Review, 8(2), 2016, pp 53–78.
Cita esta publicación
Guerra, E. (2022, 29 septiembre). Sobre la narrativa hegemónica criminal. nexos. Recuperado el 24 de February de 2026 de https://seguridad.nexos.com.mx/sobre-la-narrativa-hegemonica-criminal/
Guerra, Edgar. “Sobre la narrativa hegemónica criminal.” nexos, septiembre 29, 2022. https://seguridad.nexos.com.mx/sobre-la-narrativa-hegemonica-criminal/
GUERRA, Edgar. Sobre la narrativa hegemónica criminal. nexos [en línea]. 29 septiembre 2022. [Consulta: 24 February 2026]. Disponible en: https://seguridad.nexos.com.mx/sobre-la-narrativa-hegemonica-criminal/
Guerra, Edgar. “Sobre la narrativa hegemónica criminal.” nexos. 29 Sep. 2022, https://seguridad.nexos.com.mx/sobre-la-narrativa-hegemonica-criminal/.