En septiembre, el blog Paz y Seguridad de la revista nexos convocó a autores y organizaciones a hacer un balance de seguridad durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. Los textos elegidos serán publicados en este espacio. Esta es la quinta entrega.
Las entregas anteriores son:
La costumbre de mentir
Una Fiscalía sin norte: ¿cuál es la estrategia en la procuración de justicia federal?
Gobiernos bajo asedio: la violencia político criminal a nivel subnacional
Crónica de una militarización anunciada
Andrés Manuel López Obrador llegó a la Presidencia de México con la sempiterna promesa de relanzar las relaciones con América Latina. Sin embargo, seis años después, y a pesar de algunos intentos infructuosos de liderar una nueva etapa de integración, no hubo ningún giro copernicano. Este breve artículo busca analizar brevemente un nuevo sexenio perdido para un área crítica de las relaciones entre América Latina y México: la seguridad regional.
Un presidente mexicano que volvería a priorizar a América Latina en el radar político de las relaciones exteriores de su gobierno. Eso es lo que prometió Andrés Manuel López Obrador (AMLO) desde su llegada al poder en 2018. Pero el objetivo de un liderazgo regional mexicano, que promoviera una nueva iniciativa integracionista con sus vecinos del sur, consolidara una unidad regional “soberana” y al mismo tiempo fortaleciera la cooperación intergubernamental, fue más retórico que pragmático.
En un contexto global liberal crítico —representado por la guerra en Ucrania y la competencia entre grandes poderes— y un escenario regional inestable producto de la erosión, estancamiento o retroceso de la democracia; el auge de formas autoritarias de gobierno; la integración perversa del crimen organizado; la injerencia de Rusia e Irán en distintos países del Cono Sur; la crisis migratoria venezolana, y las emergencias sanitarias para las cuales la región ha demostrado no estar preparada, la falta de integración regional se hace especialmente evidente en el plano de la seguridad, donde México y el resto de América Latina suelen mostrarse históricamente divididos y escasamente cooperativos.
De hecho, aun cuando todos los indicios conducen a una nueva era geopolítica en ciernes, cuando las estadísticas latinoamericanas muestran que la violencia letal se ha expandido, y cuando los niveles de lo que Lilian Bobea denomina como estadotropismo del crimen organizado en muchas sociedades latinoamericanas y caribeñas ya han alcanzado el grado de un poder paralelo, la (in)seguridad regional quedó excluida de la agenda de López Obrador. Esto muestra, una vez más, la compleja dualidad y desafección que caracteriza la relación entre México y los países vecinos. Una desafección que AMLO no logró revertir pese a la reiterada vocación integracionista de América Latina y los intentos mexicanos por fortalecer los lazos de hermandad con el continente.

Una gobernanza latinoamericana de seguridad regional necesaria
Desde la década de 1960, tanto México como el resto de los países de América Latina se han caracterizado por apoyar y promover diferentes espacios de concertación regional. Sin embargo, mientras la mayor parte de los procesos han estado dirigidos a institucionalizar las relaciones económicas y comerciales entre los países miembros, la integración en seguridad y defensa encontró diferentes barreras tanto ideológicas como pragmáticas para alcanzar medidas comunes y efectivas.
En este sentido, si bien México tiene una larga trayectoria en cooperación en materia de seguridad, tanto a nivel multilateral como bilateral, y una inherente vocación por la paz y la seguridad internacionales que ham quedado plasmadas en diferentes iniciativas y acuerdos regionales —el Compromiso de Acapulco para la Paz, el Desarrollo y la Democracia de 1987, el Grupo Contadora, la Asociación para la Seguridad y la Prosperidad en América del Norte y la Iniciativa Mérida—, la integración en seguridad no ha avanzado de forma significativa en la región. Sólo hay algunos mecanismos multilaterales regionales en común, como la Declaración de Seguridad Hemisférica de 2003, otros pocos que incluyen en su mayoría acuerdos de cooperación en materia de seguridad y narcotráfico, y una serie de acuerdos bilaterales que en su mayoría fueron firmados en los noventa, con algunas excepciones posteriores durante la administración de Felipe Calderón, quien firmó un acuerdo con Brasil. Asimismo, a lo largo de los últimos años se han establecido algunas instancias. En 2008, por ejemplo, se instauraron las Reuniones de Ministros de Seguridad Pública al interior de la Organización de Estados Americanos (OEA); fue gracias a estos encuentros que se creó el Plan de Acción Hemisférico para orientar Políticas Públicas de Prevención y Reducción de Homicidios Intencionales. No obstante, los esfuerzos por avanzar en una gobernanza regional de seguridad que incluyan a México suelen caer en el vacío. Esto es así por diversas razones. Una de ellas tiene que ver con la compleja dualidad que define a México como un país tanto latinoamericano como norteamericano. Esa dualidad, en palabras del politólogo Juan Solís Delgadillo,1 suele resultar “antipática” para el resto de los países latinoamericanos y está representada por dos elementos: una identidad e historia compartida con América Latina, y una relación de vecindad entre México y Estados Unidos que implica economía, migración, seguridad, mercados ilegales, así como también lazos binacionales que han dado pie a toda una cultura “chicana”, “pocha” o “tex-mex”. Por otro lado, esta ausencia de gobernanza de la seguridad regional se explica por los propios vaivenes de la integración latinoamericana, la cual suele guiarse por los ciclos políticos electorales, la orientación de los gobiernos de la región y la voluntad política.
México y América Latina: una relación de idas y vueltas
La escasa literatura disponible sobre regímenes o políticas públicas de seguridad regional entre México y América Latina suele ser un parámetro de la baja cooperación que existe entre ellos en materia de seguridad y defensa.
Esta disociación se ha ido forjando a lo largo del tiempo; la distancia geográfica y la pertenencia de México a la zona de influencia estadunidense son dos de los principales obstáculos que han encontrado los actores para vincular cuestiones y generar mecanismos de gobernanza regional en el área de la seguridad. A raíz de ello, los ciclos de acercamiento y distancia entre México y América Latina se volvieron una constante.
El periodo autoritario en la región sella el primer punto de alejamiento. Mientras México buscó mantenerse al margen de las dictaduras latinoamericanas siendo fiel a su tradición pacifista, la región ejercía una feroz política de seguridad regional, alineada con la Doctrina de la Seguridad Nacional de Estados Unidos y a la noción del enemigo interno.
Con la democratización en América latina, el fin de la guerra en el Atlántico Sur entre Gran Bretaña y Argentina por las Islas Malvinas y la paz centroamericana, la necesidad de establecer un sistema latinoamericano de seguridad comenzó a hacerse más evidente en buena parte de la región. Sin embargo, como bien señalan Salinas Cañas y Rivera, México quedó aislado y desvinculado de esos debates sobre integración y defensa regional, un hecho por demás singular teniendo en cuenta el rol de México en los acuerdos de paz para América Central.
Durante la presidencia de Salinas de Gortari (1988-1994), la nueva relación con Estados Unidos —que deja de ser considerado por México como el “enemigo histórico”— junto con la incorporación de la seguridad en la agenda de la política exterior, sellan un nuevo distanciamiento con la región, la cual se profundizaría durante la presidencia de Ernesto Zedillo (1994-2000) debido a temas de coyuntura como el crimen organizado, el tráfico de drogas y armas y las migraciones. Estos temas llevaron a México a ceder ante las presiones del país del norte y a alinear su política doméstica con los determinantes de la Doctrina de Seguridad Nacional estadunidense.
Con la llegada de Vicente Fox (2000-2006) a la Presidencia, México lleva un paso más adelante la disociación con sus pares del sur al retirarse formalmente del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Con esta salida, México se convirtió en el único país de la región en no pertenecer a ningún esquema defensivo latinoamericano.
La presidencia de Felipe Calderón (2006-2012) puede ser considerada como de acercamiento y recomposición de relaciones con algunos países de América Latina, con los que la presidencia de Fox había tenido algunas desavenencias. Este fue el caso de Colombia, país con el que la administración de Calderón mantuvo lazos estrechos relacionados a su modelo de seguridad. Esta presidencia también está marcada por la expansión del narcotráfico, la militarización a nivel federal y la declaración formal de la “Guerra contra las Drogas”.
Finalmente, la presidencia de Enrique Peña Nieto (2012-2018) dio un nuevo giro a la relación entre México y América Latina con el objetivo de recuperar el liderazgo regional bastante opacado por Brasil y de reivindicar el rol prominente e histórico de México en aspectos relacionados a la seguridad regional. En este sentido, Peña Nieto mantuvo los esquemas de la Iniciativa Mérida e impulsó los Grupos de Alto Nivel de Seguridad (GANSEG) con El Salvador, Honduras y Guatemala a los efectos de abordar más integralmente la cuestión del crimen organizado y la inmigración irregular. Esta iniciativa le permitió a México mejorar aspectos sustantivos en materia de inteligencia y de cooperación bilateral con sus vecinos centroamericanos. No obstante, los vínculos con América del Sur fueron escasos.
Lo anterior da cuenta de la relación de idas y vueltas que caracteriza la relación entre México y América Latina en relación a la seguridad regional. A continuación, presento una breve reflexión sobre el legado de Andrés Manuel López Obrador en este aspecto.
El legado de AMLO
El sexenio de Andrés Manuel López Obrador fue particularmente estéril en cuanto a políticas regionales de seguridad hacia América Latina. El hecho es particularmente llamativo al tomar en cuenta el rol histórico de México ante los acuerdos de paz y seguridad internacionales; también lo es al considerar que uno de los principales problemas que enfrentan los Estados latinoamericanos es la complejidad del crimen organizado y la diversificación criminal que ha conducido a una proliferación y convergencia de economías y mercados ilícitos en toda la región.
En este sentido, y a pesar de los distintos intentos de AMLO por mostrarse cercano, su sexenio no dejó ninguna propuesta al respecto; tampoco estableció nuevos acuerdos bilaterales en la materia. De hecho, la irrelevancia de la seguridad regional en el radar mexicano ha quedado plasmada en el propio Plan Nacional de Paz y Seguridad 2018-2024, donde la lucha contra la delincuencia organizada y los problemas de seguridad nacional de carácter transnacional excluyeron la cooperación con sus vecinos latinoamericanos. Pero si bien muchos de estos desencuentros no fueron actos deliberados —como lo fue que López Obrador no participara en la cumbre de la CELAC de 2023 por “tener mucho trabajo en México”—, queda en evidencia que la discrepancia ideológica y la falta de identificación como miembros de una misma región siguen marcando las distancias entre los actores.
Este sexenio perdido para la seguridad regional representa un desafío sustantivo para la nueva administración que por primera vez en la historia mexicana será liderada por una mujer. En este sentido, sólo resta esperar para conocer la orientación que la gestión de Claudia Sheinbaum le dará a su Estrategia de Seguridad Nacional y el lugar que ocupará América Latina en la agenda de política exterior. Una América Latina cada vez más convulsa que actualmente está atravesada por la violencia criminal y por una nueva pugna geopolítica liderada por Estados Unidos, Rusia y China.
Ludmila Quirós
Global Initiative Against Transnational Organised Crime, Università di Roma, La Sapienza. Investigadora del proyecto EULAT crime.
Referencias
Malamud, C y Núñez Castellano, R., La integración latinoamericana: irrelevancia tras el intento de liderazgo mexicano. Real Instituto Elcano, 2021
Vera Delzo, P y Ortíz, R., América Latina en la nueva geopolítica global, Centro de Estudios Estratégicos del Ejército del Perú, 2024
Bobea, L., “Cómo el crimen organizado del Caribe está reemplazando al Estado”, Insight Crime, 2013
Chaval, J., “La seguridad en la política exterior de Calderón”, Foro Internacional, 2013
Tomassini, L., Hacia un sistema de defensa latinoamericano, Instituto de Estudios Internacionales, Santiago, Chile, 1982
Salinas Cañas, S., y Riquelme Rivera, J., “Democracia, integración y seguridad en América Latina: el Crimen Organizado Transnacional (COT) como desafío”, Revista Enfoques: Ciencia Política Y Administración Pública, 15(27), 2017, pp. 149-172.
Piñeyro Piñeyro, J. L., “La seguridad nacional con Zedillo”, Foro Internacional, 41(4), 2001, pp. 939–962.
1 Entrevista virtual efectuada el 20 de septiembre de 2024
Cita esta publicación
Quirós, L. (2024, 29 octubre). Otro sexenio perdido para la seguridad regional. nexos. Recuperado el 11 de April de 2026 de https://seguridad.nexos.com.mx/otro-sexenio-perdido-para-la-seguridad-regional/
Quirós, Ludmila. “Otro sexenio perdido para la seguridad regional.” nexos, octubre 29, 2024. https://seguridad.nexos.com.mx/otro-sexenio-perdido-para-la-seguridad-regional/
QUIRÓS, Ludmila. Otro sexenio perdido para la seguridad regional. nexos [en línea]. 29 octubre 2024. [Consulta: 11 April 2026]. Disponible en: https://seguridad.nexos.com.mx/otro-sexenio-perdido-para-la-seguridad-regional/
Quirós, Ludmila. “Otro sexenio perdido para la seguridad regional.” nexos. 29 Oct. 2024, https://seguridad.nexos.com.mx/otro-sexenio-perdido-para-la-seguridad-regional/.
Tenemos muchos lazos con EEUU. Aunque la jaula sea de oro, no deja de ser prisión.