Ni ninis ni desempleados: los sicarios escapan de la precariedad laboral

Recientemente publiqué un artículo en el Journal of Illicit Economies and Development. En él, argumento que la percepción convencional de que en México los “ninis” (jóvenes que ni estudian ni trabajan) son la mayoría de los reclutados por organizaciones criminales como sicarios está equivocada. Encontré que en realidad son hombres jóvenes que están transitando del trabajo precario al trabajo criminal. Aquí resumo mis resultados y, sobre todo, apelo a entender la participación juvenil en crimen organizado más allá de la concepción binaria ocupación/desocupación.

El concepto de nini no es nuevo. Es una importación de Reino Unido. El gobierno de Tony Blair alguna vez prometió que “sería duro contra el crimen, y duro contra las causas del crimen”. Sí, suena muy similar al discurso que hoy sustenta Jóvenes Construyendo el Futuro. El gobierno de Blair argumentó que la mayor parte de los que cometían delitos eran “ninis” (en inglés Not in Education, Employment, or Training —NEET—). Esta categoría presume una idea: que los hombres jóvenes desocupados son más tendientes a la violencia y el crimen.

Hay dos argumentos generales esgrimidos por los críticos de este concepto. El primero es que se trata de una etiqueta discriminatoria, porque presume que un estado socioeconómico lleva directamente al crimen; el segundo es que las vidas de las personas jóvenes son más diversas que el binario ocupación/desocupación. Ambas críticas devienen de una respuesta de los estudiosos de juventud: quienes usan la categoría nini presumen que los hombres jóvenes desaventajados son inherentemente violentos y que deben ser controlados.

Ilustración: Estelí Meza

Para el caso de México, varios artículos han demostrado que la condición nini es temporal, que no necesariamente se relaciona con la desventaja socioeconómica, y que la mayor parte de la población nini son mujeres en trabajo doméstico. Pero, aceptando sin conceder que estamos hablando de ninis hombres desaventajados, el concepto fue creado para Europa, región con amplio desempleo de personas jóvenes. México es un país con tasas bajas de desempleo, en buena medida porque tenemos alta informalidad y trabajo precario.

La presunción de que los ninis eran reclutados por organizaciones criminales viene de una lectura somera de la Encuesta Nacional de Juventud de 2005 en la que se presumió que había muchos ninis. Esto motivó al entonces rector de la UNAM a decir que ese era el grupo que atender en términos de criminalidad. Posteriormente, en otros estudios se relacionó a los ninis con la violencia en México porque la mayor parte de los homicidios ocurre en zonas con alta desigualdad, algún nivel de desempleo juvenil y con bajas tasas escolaridad (menos de nueve años de escolaridad).

Mi objeción sobre estos estudios es que estaban cometiendo algo llamado “falacia ecológica”. Es decir, presumir que un fenómeno ocurre porque hay otros sucesos en el mismo lugar geográfico y tiempo. Antes de 2016 el único dato que teníamos sobre quienes cometían homicidios en México eran los números de las víctimas de los homicidios. Sin embargo, desde entonces había elementos para ser escépticos. Por ejemplo, los estudios de esa época usaron los datos de homicidios como indicador de quiénes eran los perpetradores. Hoy por hoy, no tenemos forma de atribuir que las personas víctimas de homicidio son igualmente perpetradores de homicidios que han muerto en la guerra contra las drogas. Y, si revisamos los datos socioeconómicos de las víctimas en las actas de defunción, efectivamente son personas con bajas tasas de escolaridad, pero la abrumadora mayoría tenía ocupación. Es decir, no cumplen con la característica de ser ninis.

En cambio, ahora tenemos los datos socioeconómicos de los presos por homicidio en México con las dos ediciones de la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (Enpol) levantadas por el Inegi en 2015 y 2020. En la siguiente gráfica clasifiqué tanto hombres víctimas de homicidio con arma de fuego en la calle (la mejor aproximación a personas víctimas de homicidios perpetrados por organizaciones criminales), como presos por homicidio después de 2006. Adecué ambos datos con clases ocupacionales del esquema Erikson-Goldthorpe-Portocarero adaptado por Solís y colegas (2022) para América Latina. Como notarán, la abrumadora mayoría de los registrados estaban empleados antes de ser víctimas de homicidio o estar presos por homicidio. La imagen de los ninis como perpetradores de violencia no se sostiene. Efectivamente, hay un grupo de desempleados en víctimas por homicidio, pero no la mayoría, y no sabemos su ocupación porque no estaban afiliados a ningún esquema de seguridad social.

Esta gráfica revela algo más importante: la mayor parte de las personas que han estado involucradas en violencia en México (como víctimas o victimarios) en realidad estaban en el mundo del trabajo precario. Como documentó Solís (2018), las personas en clases ocupacionales en la informalidad tienen, en promedio, bajos ingresos y, en su mayoría, no tendrán movilidad social ascendente. Igualmente, las personas en estas ocupaciones tienen menos de nueve años de escolaridad. Es decir, la mayor parte de los jóvenes reclutados por organizaciones criminales buscan movilidad social y económica al unirse a estas organizaciones.

Usando un modelo estadístico llamado logit binomial (es decir, calculando la probabilidad de que alguien sea sentenciado por homicidio), he encontrado un perfil mucho más complejo de las personas que cometen homicidios en México. En adición a la baja escolaridad y tener un trabajo precario, muchos de ellos reportan:

  • Haber pasado por hambre en alguna fase de sus vidas
  • Tener historial de trabajo en el Ejército o una corporación policial
  • Haber vivido abuso o abandono parental
  • Tener un consumo elevado de alcohol
  • Haber dejado la escuela para trabajar;
  • Ser padres
  • Venir de hogares donde sólo hay una madre jefa de familia

Y, con la paleta de color PERLA, sabemos que la mayor parte tiene tono de piel mas oscuro que el promedio de la población (lo cual habla de persecución discriminatoria).

En resumen, hay una serie muy compleja de desigualdades que pesan sobre las decisiones de quienes formarán parte de organizaciones criminales. Hallazgos cualitativos similares han sido encontrados previamente por Cirenia Chávez, Karina García y Elena Azaola.

Cierro con tres advertencias precautorias de cómo leer estos resultados. En primer lugar, las condiciones económicas y sociales no son destino en el crimen. Efectivamente, aumentan ciertas probabilidades, pero las personas jóvenes tienen agencia. La abrumadora mayoría de las personas jóvenes en México no comete delitos ni es violenta, y muchos de ellos tienen las condiciones socioeconómicas que describí arriba. En segundo lugar, la categoría de nini oscurece la complejidad de la vida de las personas jóvenes. Como lo ha descrito Saraví, la vida en la marginalidad socioeconómica implica constante navegación e intentos de sobrevivir a la precariedad. Y, en tercer lugar, podemos modificar las políticas de prevención del delito para que “perfilen” mucho mejor (Jóvenes Construyendo el Futuro no está diseñado para esto), pero las organizaciones criminales siguen demandando mano de obra, y eso es resultado de la guerra contra las drogas. Podemos tratar de atajar la oferta de jóvenes en marginación, pero la demanda se sostiene por la militarización de la seguridad pública que empuja a las organizaciones criminales a reclutar intensivamente.

 

Raúl Zepeda Gil
Profesor asistente, Departamento de Desarrollo Internacional, Universidad de Oxford


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Zepeda Gil, R. (2024, 9 abril). Ni ninis ni desempleados: los sicarios escapan de la precariedad laboral. nexos. Recuperado el 20 de March de 2026 de https://seguridad.nexos.com.mx/ni-ninis-ni-desempleados-los-sicarios-escapan-de-la-precariedad-laboral/

Zepeda Gil, Raúl. “Ni ninis ni desempleados: los sicarios escapan de la precariedad laboral.” nexos, abril 9, 2024. https://seguridad.nexos.com.mx/ni-ninis-ni-desempleados-los-sicarios-escapan-de-la-precariedad-laboral/

ZEPEDA GIL, Raúl. Ni ninis ni desempleados: los sicarios escapan de la precariedad laboral. nexos [en línea]. 9 abril 2024. [Consulta: 20 March 2026]. Disponible en: https://seguridad.nexos.com.mx/ni-ninis-ni-desempleados-los-sicarios-escapan-de-la-precariedad-laboral/

Zepeda Gil, Raúl. “Ni ninis ni desempleados: los sicarios escapan de la precariedad laboral.” nexos. 9 Abr. 2024, https://seguridad.nexos.com.mx/ni-ninis-ni-desempleados-los-sicarios-escapan-de-la-precariedad-laboral/.


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