“¿Va para allá sola?”, me dijo en un tono descalificador. Era un hombre de unos sesenta años. Parecía conocer bien el lugar al que planeaba dirigirme. Comenzó a describir todo lo que podía pasarme: un repertorio de horrores que incluían el secuestro, los interrogatorios o la tortura. A esos actos terribles, yo les agregaba, de modo automático, la posibilidad de ser víctima de una violación sexual, una posibilidad que siempre se contempla al habitar un cuerpo femenino. No estaba claro quiénes ejecutarían estas acciones. Daba lo mismo. Podía ser cualquiera. Podían ser todos. Tenía una sensación de angustia. ¿Realmente era una locura plantearme un viaje de esta naturaleza? En este texto me interesa observar lo que se justifica al afirmar que existen lugares peligrosos y que, por lo tanto, se suponen impenetrables. ¿Qué clase de dinámicas sociales derivan de definir ciertas geografías como terriblemente amenazantes?

Ilustración: Víctor Solís
Uno de los supuestos más evidentes al marcar un espacio como inseguro es que sólo las personas con ciertos atributos pueden transitar por él. La caracterización de un lugar como peligroso justifica la exclusión de ciertos cuerpos y el protagonismo de otros. De esa manera, las corporalidades masculinas y armadas pertenecen a esa clase de contextos; por su parte, los cuerpos femeninos son deliberadamente excluidos debido a una supuesta vulnerabilidad amplificada. En ese sentido, referir al peligro es, frecuentemente, una estrategia para marginar a las mujeres de la guerra y el conflicto.
De la misma forma, limitar el acceso al territorio a varones armados encubre los pactos que se ejercen entre estos; oscurece el proceso de construcción del orden violento y a los actores que se benefician de él. Si es preciso ir a lugares tipificados como peligrosos es, precisamente, porque nos permite atestiguar cómo se fabrica lo que se presenta como desordenado o disruptivo. En realidad, al mirar más de cerca, es frecuente descubrir que la violencia está sostenida por una serie de equilibrios y alianzas entre actores con motivaciones políticas, económicas y afectivas.
Defiendo la incursión de periodistas e investigadoras en geografías que se consideran peligrosas: explorar dichas latitudes es una manera de transgredir una norma social que dicta a dónde podemos ir en razón de nuestro género o lugar de origen; sin embargo, vale la pena hacer algunas recomendaciones de orden ético y metodológico.1
Es común que, en contextos violentos, la figura del investigador o la investigadora que hace incursiones sobre terreno cobre relevancia. Ciertamente, la experiencia de ir a lugares socialmente inaccesibles es liberador en tanto amplía las posibilidades de movimiento y acción; sin embargo, para nuestros interlocutores de investigación, lo que nosotras podemos ver como una hazaña heroica es parte de su día a día. En ese sentido, vale la pena preguntarse si la forma en la que se presenta la propia experiencia en contextos violentos suscribe la distinción entre personas que pertenecen a estos contextos y aquellas que no; entre estar dentro y fuera de sitio, naturalizando la relación entre violencia y origen.
Del mismo modo, al referir a temas vinculados a seguridad, narcotráfico o crimen organizado, es frecuente que no se citen las fuentes en virtud de proteger el anonimato de las mismas; sin embargo, eso no impide que seamos explícitas respecto al modo en que obtuvimos los datos. Ser transparente respecto a nuestros métodos de investigación contribuye a romper la asociación entre peligro y secreto: es una forma de cuestionar el mito de que lo violento es inaccesible o que está reservado sólo a algunos. Al exhibir las estrategias que usamos para incursionar en contextos tipificados como peligrosos mostramos que nuestra indagación es replicable.
Finalmente, por más violentos que sean los escenarios en los que nos adentramos, siempre hay interacciones que escapan a las armas y la confrontación. ¿Cómo hacemos justicia a todos esos actos, por pequeños que sean, que demuestran que la posibilidad de que la no-violencia existe? ¿Cómo hacemos ver que, aun en los escenarios más terribles, lo violento no es un fenómeno total ni generalizado? No es una cuestión de esperanza o una aspiración normativa: es apelar a un principio descriptivo de la realidad. No se trata de representar a nuestros participantes de investigación únicamente como víctimas o perpetradores, como seres unidimensionales, sino a referir a las maneras de vivir y hacer frente a un contexto adverso.
“Voy para allá sola”, le respondí. Era una verdad a medias. En realidad, me esperaban. Había planeado la visita y tenía a un pequeño grupo de personas dispuestas a colaborar conmigo. Todo la ansiedad o miedo que pude sentir antes de mi viaje se desvaneció en cuanto llegué a mi lugar de destino. Presencié balaceras, vi bloqueos de carreteras y grupos de jóvenes armados, pero también establecí una serie de conversaciones que no tenían nada que ver con el fenómeno violento. En muchos momentos, olvidé las advertencias que me hicieron al inicio. Pasé de visitar un lugar peligroso, a estar en un sitio que comenzaba a ser legible.
Irene Álvarez
Socióloga y etnógrafa
1 Las consideraciones que menciono van más allá de las estrategias que permitan disminuir el riesgo de sufrir daños a nuestra integridad física y psicológica al hacer investigación en contextos de violencia, algo que ha sido referido por Hjorth, S. V. “Evaluación y reducción de riesgo en el trabajo de campo”, Alteridades, 28 (56), Ciudad de México, 2018.
Cita esta publicación
Álvarez, I. (2021, 31 mayo). Los “lugares peligrosos” de México: algunas consideraciones. nexos. Recuperado el 20 de March de 2026 de https://seguridad.nexos.com.mx/los-lugares-peligrosos-de-mexico-algunas-consideraciones/
Álvarez, Irene. “Los “lugares peligrosos” de México: algunas consideraciones.” nexos, mayo 31, 2021. https://seguridad.nexos.com.mx/los-lugares-peligrosos-de-mexico-algunas-consideraciones/
ÁLVAREZ, Irene. Los “lugares peligrosos” de México: algunas consideraciones. nexos [en línea]. 31 mayo 2021. [Consulta: 20 March 2026]. Disponible en: https://seguridad.nexos.com.mx/los-lugares-peligrosos-de-mexico-algunas-consideraciones/
Álvarez, Irene. “Los “lugares peligrosos” de México: algunas consideraciones.” nexos. 31 May. 2021, https://seguridad.nexos.com.mx/los-lugares-peligrosos-de-mexico-algunas-consideraciones/.
Me parece un retroceso en las libertades individuales y básicas que existan espacios «reservados» a hombre y otros «seguros» para las mujeres, nuestro país ha perdido mútliples libertades. Cuando uno o una tiene ese poder de circular por todos los espacios de nuestro territorio, tiene y ejerce su plana libertad como ser humano, ¿cómo es posible que nos hayamos dejado invadir por esa especie de segregación? ¿ quién va a regresarnos a la realidad? ¿por qué debemos aceptar vivir con ésta inseguridad, con éste miedo? ¿ qué tipo de sociedad estamos dejando a nuestros hijos, alas generaciones futuras? ¿cómo fuimos a ceder?