La dualidad humanitaria y combativa en las Fuerzas Armadas

En México las Fuerzas Armadas1 tienen una imagen dual: humanitaria y combativa. Humanitaria en el aspecto del apoyo a la población civil y combativa hacia el crimen. Esta imagen dual se ha construido, por lo menos, desde hace setenta años y se ha reforzado con diversas acciones. Explicar brevemente en qué consiste esta dualidad y cómo se ha levantado, ayudará a comprender el uso de nuestros cuerpos militares en la historia moderna del país.

Ilustración: Estelí Meza
Ilustración: Estelí Meza

La modelación de esta dualidad tiene fuertes raíces en el periodo posrevolucionario. Con la violencia de la Revolución y los levantamientos armados de los años veinte y treinta fue necesario mejorar la imagen militar, que frecuentemente se vinculó a desórdenes y excesos. Las reformas militares emprendidas por el general Joaquín Amaro en la década de los veinte tuvieron por propósito disciplinar, profesionalizar y hacer más institucionales a las Fuerzas Armadas. Más adelante, con la entrada de México a la Segunda Guerra Mundial, esta profesionalización se aceleró.2 La incursión del Escuadrón 201 en el teatro de operaciones del Pacífico, en 1945, logró generar cohesión y orgullo nacional, lo que mejoró la imagen militar3 en el sentido de protección a México.

Después del conflicto mundial, y en un contexto en el que iniciaba la Guerra Fría, era necesario adaptar esa narrativa. Los gobiernos mexicanos tuvieron que sortear las tensiones internacionales entre Estados Unidos y la Unión Soviética con un delicado pero efectivo equilibrio en sus relaciones internacionales.4 El respeto a la libre autodeterminación de los pueblos que a grandes rasgos proclamaba la Doctrina Estrada invalidaba cualquier actuación militar de México en otro país, por lo que a las Fuerzas Armadas mexicanas sólo les quedaba actuar hacia el interior. Ahí es cuando empieza a gestarse con mayor fuerza su imagen dual.

Dos de las principales misiones que se les han encomendado a las Fuerzas Armadas son la protección y el auxilio a la población civil en casos de desastre,5 y su participación en seguridad pública, combate al crimen organizado y narcotráfico. Estas tareas, que parecen muy distantes y hasta contrarias entre sí, tienen un factor común en el fondo: tienen por propósito proteger y dar “paz” y seguridad a la población.

Una evidencia histórica de cómo se empezó a construir el aspecto combativo y de protección la encontramos en la época de oro del cine mexicano. En la película Los tres huastecos,6 de 1948, Pedro Infante interpreta tres personajes. Uno de ellos, Víctor Andrade, es un capitán del Ejército Mexicano que ha sido enviado a la huasteca para perseguir a un delincuente conocido como “El Coyote”. Con esto, se proyectaba al Ejército atendiendo tareas de seguridad pública, que tienen por finalidad proteger a la población y darle “paz”. Otro ejemplo sería Capitán de rurales,7 de 1951, en la que Luis Aguilar interpreta al capitán Felipe Garmendia, egresado del Colegio Militar porfirista. El personaje, después de ver las penurias y represiones que sufre el campesinado a manos de un despiadado hacendado, decide honorablemente desertar para defenderles, inspirando a otros rurales a hacer lo mismo. Nuevamente, la imagen del militar protegiendo a la población. Este tipo de mensajes masivos no podrían haber sido enviados al público sin el consentimiento e impulso del propio gobierno mexicano, del cual dependía gran parte del cine en aquel momento.8 Todo esto sugiere el propósito de posicionar a las Fuerzas Armadas como instituciones que protegían a la población y les eran cercanas, inercia que predomina hasta nuestros días.

Junto a estas evidencias históricas también hay otras que se vinculan a las narrativas que diferentes figuras de la clase política han elaborado respecto a las instituciones militares. La frase “Ejército de paz”, 9 que ha sido recurrente para referirse a nuestras Fuerzas Armadas durante cinco décadas, ha sido parte de la construcción de esta imagen dual. No obstante, aunque la frase es engañosa y ha dificultado la comprensión de cuáles son los diseños y propósitos de las instituciones castrenses, no podría haberse sostenido por tanto tiempo sin acciones que la respaldaran, como la participación militar en reforestaciones, jornadas de salud comunitarias, construcción de infraestructuras diversas, etcétera.10

Para Guillermo Boils estas son “acciones cívico-militares” que pretenden establecer un “control sociopolítico (del gobierno) con participación del aparato militar.”11 Sin duda, este tipo de acciones tienen un trasfondo político, pero en este aspecto, es necesario señalar la diferencia entre apolítico y despolitizado. Las Fuerzas Armadas deben ser apolíticas, es decir, sin una ideología política definida,12 pero no pueden ser despolitizadas, porque su propia pertenencia al Estado ya les da un cariz político a todas sus acciones.

La diferenciación anterior, sin embargo, no impide que las Fuerzas Armadas sean utilizadas por el Ejecutivo federal en turno para atender sus intereses políticos sexenales.13 Este empleo de las Fuerzas Armadas por parte de la Presidencia es resultado, en parte, de la férrea institucionalidad militar impulsada desde tiempos del general Amaro, en la que la subordinación, obediencia, lealtad y respeto a la institución presidencial son piezas clave.

Vemos entonces que las reformas militares en los años veinte y treinta buscaron la profesionalización militar y la obediencia hacia la Presidencia. Que lo anterior mejoró la imagen de las Fuerzas Armadas, y que el fin de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Guerra Fría empujó una adaptación de la imagen militar hacia una dualidad humanitaria y combativa.

El fomento a la imagen dual, tanto en hechos como en narrativas, de los cuerpos militares y su lealtad institucional a la Presidencia, explican una parte de la buena imagen y aprobación que mantienen las Fuerzas Armadas entre la población civil. Sin embargo, esta buena imagen y aprobación en ocasiones le ha servido a la clase política para intentar justificar el empleo de las instituciones castrenses en labores ajenas a su naturaleza militar.14 Si bien es muy positivo que las Fuerzas Armadas mantengan el apoyo de una gran parte de la población, eso no es un motivo suficiente para dedicarlas a labores fuera de sus atribuciones.

En años más recientes las propias Fuerzas Armadas han impulsado la dualidad al posicionar imágenes más humanitarias como las de los canes rescatistas “Frida” y “Proteo”, o la positiva acción de “Soldado por un día”, dirigido a menores de edad que padecen alguna enfermedad y que desean portar el uniforme militar y convivir con personal castrense por un día. Al mismo tiempo, la actuación contra el crimen organizado y narcotráfico ha producido muchas fotografías y videos de delincuentes detenidos y presentados ante los medios, en los que se muestra la superioridad combativa de las Fuerzas Armadas sobre el crimen.15

Como se podrá ver, la imagen dual de las Fuerzas Armadas, humanitaria y combativa, que converge en paz y seguridad, es muy compleja y es necesario empezar a explicarla desde una perspectiva histórica para dimensionar sus efectos palpables en nuestros días. Tener esto en cuenta es muy relevante en el contexto actual, en el que varios sectores académicos, periodísticos y de la sociedad civil denuncian un proceso de militarización.

Como se ha expuesto, la imagen dual de los cuerpos militares mexicanos tiene relación con sus buenos niveles de aprobación. A nadie le conviene que las Fuerzas Armadas pierdan respaldo entre la población. El problema de fondo está en que esa positiva aprobación militar permite, hasta cierto grado, que las Fuerzas Armadas se utilicen desde la Presidencia en turno para atender intereses políticos.

Por ello, es necesario empezar a discutir cómo se puede regular de manera óptima la utilización de los instrumentos militares del Estado por parte del Ejecutivo federal. Eso facilitará brindar justicia a las víctimas de crímenes cometidos por personal militar, evitará el desgaste innecesario de nuestros cuerpos militares, y al mismo tiempo, conservará su aprobación. Así, la dualidad militar, humanitaria y combativa, será más benéfica para México y sus Fuerzas Armadas.

 

Alejandro Juárez Ascencio

Sirvió ocho años en la Secretaría de Marina-Armada de México. Fue condecorado dos veces, una de ellas por sobresaliente actuación en enfrentamientos armados contra el crimen organizado. Sus tesis de licenciatura, maestría y la que desarrolla actualmente en el Doctorado en Historia Aplicada del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) son sobre Fuerzas Armadas. Actualmente está en uso de licencia ilimitada. El contenido de este escrito no representa la postura de ninguna de las instituciones mencionadas.


1 Fuerzas Armadas comprende a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), conformada por el Ejército Mexicano y la Fuerza Aérea Mexicana, y la Secretaría de Marina-Armada de México (Semar). En México ha existido una confusión permanente entre Ejército (Sedena) y Marina (Semar). Ambas son secretarías de Estado separadas e independientes entre sí, pero a su vez dependientes del Ejecutivo Federal. No obstante, durante mucho tiempo comúnmente se le había llamado “Ejército” a la totalidad de las Fuerzas Armadas, sin distinción entre instituciones. En los últimos años se ha conseguido una diferenciación entre ambas, sin embargo este error aún persiste en varios sectores, incluso el académico y periodístico.

2 Sánchez Gutiérrez, A. “Los militares en la década de los cincuenta,” Revista Mexicana de Sociología, Jul. – Sep., 1988, Vol. 50, No. 3, Jul. – Sep., 1988, pp. 276.

3 Rankin, M. ¡México, la patria! Propaganda and Production during World War II, United States of America, University of Nebraska Press, 2009, pp. 265.

4 Véase: Ojeda, M. Alcances y límites de la política exterior de México, México, El Colegio de México, 2ª edición, 1984. Loaeza, S. A la sombra de la superpotencia. Tres presidentes mexicanos en la Guerra Fría, 1945-1958, México: El Colegio de México, 2022

5 Para conocer más sobre el Plan Marina, visite: “Plan Marina” Sobre el Plan de Auxilio a la Población Civil en Casos de Desastre DN- III-E, visite: “¿Qué es el Plan DN-III-E?”. Es importante señalar que los dos planes tienen más de 55 años de vigencia.

6 Rodríguez Ruelas, I. Los tres huastecos, México, 1948. De hecho, esta película tiene una enorme cantidad de mensajes relacionados al entendimiento del Ejército Mexicano en aquella época y que tienen fuertes vínculos con la actualidad.

7 Galindo, A. Capitán de rurales, México, 1951. En esta película se ve claramente la narrativa antiporfirista y prorrevolucionaria que prevaleció en la segunda mitad del Siglo XX mexicano. Otra película con temática militar, que aunque no maneja el discurso de protección, sí expresa cercanía con la población por su contenido cómico es A volar, joven, de 1947. El personaje, interpretado por Mario Moreno “Cantinflas”, se enlista en la Fuerza Aérea Mexicana y, después de una serie de confusiones, es reconocido y premiado por sus superiores, contribuyendo en algo a desmitificar la dureza de la vida militar y verla hasta graciosa. Miguel M. Delgado, director.

8 En Clásicos del cine mexicano. 31 películas emblemáticas desde la Época de Oro hasta el presente, Miriam Haddu anota: “…la actitud general del cine mexicano [era] ofrecer representaciones positivas de las figuras públicas del país. Mucho más infrecuentes son los casos en los que la cinematografía nacional ha adoptado actitudes críticas hacia el Estado y el sistema político. La crítica directa al Estado o al Ejército siempre quedó fuera de los temas narrativos autorizados. Haddu, M. “Luis Estrada: El infierno (2010),” en Clásicos del cine mexicano. 31 películas emblemáticas desde la Época de Oro hasta el presente, editado por Christian Wehr, España, Iberoamericana, 2016, 628. Véase también, “AGN Resguarda documentos de la Época de Oro del Cine Mexicano”, donde se puede leer: “…(el) control del Estado se manifestaba desde la llegada de la máquina fílmica a nuestro país, pues desde un inicio se le consideró una herramienta que podía transmitir fácilmente ideas a las masas por lo cual su control y apoyo fue tema prioritario del Gobierno.”

9 Véase: Juárez Ascencio, A. “¿Ejército de paz?”, Nexos, 20 de agosto de 2021.

10 Así visualizaba José López Portillo, Presidente de México de 1976-1982, a las Fuerzas Armadas: “Para responder (a) México, […], su Instituto Armado también se transforma. Sus miembros son soldados de la paz, lo mismo alfabetizan que reforestan y protegen los bosques; realizan tareas topográficas en regiones agrestes e inhóspitas, que distribuyen agua potable en las zonas áridas y auxilian a la población civil en casos de desastre. Su guerra es contra la ignorancia, la desolación y el infortunio.” Secretaría de Programación y Presupuesto, Filosofía Política de José López Portillo 1980, Secretaría de Programación y Presupuesto. Dirección General de Documentación y Análisis. México, 1980, 107.

11 Boils, G. Los militares y la política en México 1915-1974, México, Instituto de Investigaciones Sociales/ Universidad Nacional Autónoma de México, Ediciones El Caballito, 1980, 15.

12 Un buen ejemplo de la característica apolítica de las Fuerzas Armadas se ve a partir del año 2000, con la alternancia de tres diferentes partidos políticos en la Presidencia de la República.

13 Por ejemplo, en Estado de guerra. De la guerra sucia a la narcoguerra (Editorial Era. 2014), Carlos Illades y Teresa Santiago, postulan que la controvertida decisión de Felipe Calderón de enviar a las Fuerzas Armadas a combatir el crimen tenía por propósito recuperar gobernabilidad y desarticular movimientos sociales. Sin embargo, otras evidencias sugieren que el trasfondo político de esa acción era que el nuevo presidente recuperara credibilidad después de un agitado proceso electoral en el que se le acusó de un supuesto fraude. Joel Alejandro Juárez Ascencio, “La imagen política de la Secretaría de Marina (1968-2018)”, Tesis de maestría, Centro de Investigación y Docencia Económicas, 2020, pp. 95-96. Actualmente hay una amplia discusión sobre la extensiva e inusual utilización de las Fuerzas Armadas por parte del Presidente López Obrador para cumplir con los propósitos de su sexenio.

14 Forbes Staff, “AMLO presume que la gente confía en la Marina, Sedena y GN, según encuesta del InegiForbes, 20 de octubre de 2022. Véase también, David Marcial Pérez, “Tres de cada cuatro mexicanos apoya que el Ejército siga en las calles haciendo de policíaEl País, 24 de octubre de 2022

15 Juárez, A. ob. cit. 2020, pp. 108


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Juárez Ascencio, A. (2023, 25 abril). La dualidad humanitaria y combativa en las Fuerzas Armadas. nexos. Recuperado el 11 de April de 2026 de https://seguridad.nexos.com.mx/la-dualidad-humanitaria-y-combativa-en-las-fuerzas-armadas/

Juárez Ascencio, Alejandro. “La dualidad humanitaria y combativa en las Fuerzas Armadas.” nexos, abril 25, 2023. https://seguridad.nexos.com.mx/la-dualidad-humanitaria-y-combativa-en-las-fuerzas-armadas/

JUÁREZ ASCENCIO, Alejandro. La dualidad humanitaria y combativa en las Fuerzas Armadas. nexos [en línea]. 25 abril 2023. [Consulta: 11 April 2026]. Disponible en: https://seguridad.nexos.com.mx/la-dualidad-humanitaria-y-combativa-en-las-fuerzas-armadas/

Juárez Ascencio, Alejandro. “La dualidad humanitaria y combativa en las Fuerzas Armadas.” nexos. 25 Abr. 2023, https://seguridad.nexos.com.mx/la-dualidad-humanitaria-y-combativa-en-las-fuerzas-armadas/.


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