Hacia la tercera desmilitarización

Actualmente la militarización preocupa a una parte de la población mexicana. Hay quienes la perciben como irreversible; sin embargo, muchas personas desconocen que en la historia de México ya hubo dos desmilitarizaciones exitosas que, singularmente, fueron impulsadas por los propios militares. ¿Podrán encontrarse soluciones en estas dos experiencias?

La primera se dio con Porfirio Díaz. Contrario a la creencia popular, Díaz no militarizó al país sino que lo desmilitarizó1 mediante una nueva educación militar y diversas reformas legales; aglutinó y dio un sentido nacional a las Fuerzas Armadas, al tiempo que les inculcó lealtad a la Presidencia. Esto provocó que se desactivaran las guardias nacionales regionales,  que eran leales a los caudillos locales. Por otro lado, robusteció la burocracia civil que se enfocó en el crecimiento económico del país mientras disminuyó el gasto militar. Con estas medidas Díaz aseguró que su posición no podría ser disputada por otros caudillos.2

La Revolución interrumpió estas prácticas, pero una vez concluida hubo que recuperar la gobernabilidad y el control de las Fuerzas Armadas. La guerra civil propició el surgimiento de múltiples grupos militares que, como las guardias nacionales del siglo XIX, respondían a intereses caudillistas. El artículo 89 de la Constitución de 1917 recogió textualmente lo escrito en el artículo 85 de la Constitución de 1857 respecto al control presidencial de las Fuerzas Armadas.3 Así se buscaba avanzar hacia el dominio de los cuerpos militares, pero el asesinato de Carranza en 1920 demostró que aún faltaba para lograr el objetivo.

Ilustración: Ricardo Figueroa
Ilustración: Ricardo Figueroa

Con los sonorenses Álvaro Obregón, Adolfo de la Huerta y Plutarco Elías Calles, inició una década determinante para controlar a las Fuerzas Armadas. Esta labor fue encargada a quien Álvaro Matute calificó como la figura militar del decenio de 1920 a 1929: el general Joaquín Amaro.4 Como secretario de Guerra y Marina durante el gobierno de Calles (1924-1928), repitió muchas de las medidas porfiristas: una sólida reforma de la educación militar, nuevas legislaciones militares que impulsaban el retiro y desmovilización de tropas, y una disminución significativa en el presupuesto castrense que se redirigió al desarrollo económico. Es ahí donde inicia la segunda desmilitarización en México.5 Aunque es cierto que en la posrevolución el personal militar ocupó diversos cargos a nivel municipal, estatal y federal, las Fuerzas Armadas mantuvieron —en general— un perfil bajo por décadas.

Una gran parte del éxito institucional de las Fuerzas Armadas radica en su modelo educativo, que viene de tiempos del general Amaro y que tiene raíces en el porfiriato. Desde su ingreso al Heroico Colegio Militar, a la Heroica Escuela Naval Militar y al Colegio del Aire, al personal de cadetes se le instruye en la lealtad, subordinación, respeto y obediencia a sus superiores, a las instituciones y, sobre todo, a la Presidencia. Esta lógica educativa incluyó un diálogo exclusivo con la Presidencia que, con el tiempo, se transformó en un hermetismo que disminuyó la posibilidad de que las Fuerzas Armadas dialogaran con otros grupos políticos. Estos objetivos educativos tienen una explicación histórica si se recuerdan los dos momentos en que fueron instaurados —el porfiriato y la posrevolución— en los que era necesario reforzar la lealtad y subordinación a la institución presidencial para recuperar gobernabilidad.

Por el diseño educativo que se ha expuesto, las Fuerzas Armadas le son leales a la institución presidencial, mas no a la persona que la ocupa. La lealtad a quien ocupa la Presidencia es temporal y se transfiere a la persona que encabece el siguiente gobierno federal. Eso explica por qué la lealtad militar al poder civil ha funcionado con personas de diferentes partidos políticos. En este modelo educativo institucional está parte de la clave de una tercera desmilitarización.

Al observar los proyectos sexenales, ninguno ahonda en temas militares. En las elecciones presidenciales se disputan dos cargos en una persona. Uno político, la Presidencia, y otro militar, la Comandancia Suprema de las Fuerzas Armadas. En ese sentido, ¿por qué no se presenta un proyecto militar para las Fuerzas Armadas? Las actuales circunstancias de México exigen que un proyecto así contenga intereses civiles y militares.

Del lado militar, necesitamos fortalecer a nuestras Fuerzas Armadas y hacer de ellas una herramienta de relaciones exteriores del Estado mexicano, como sucede en casi todos los países democráticos. Es decir, que paulatinamente nuestras instituciones castrenses modernicen su doctrina y administración, y desarrollen capacidades militares y tecnológicas defensivas y ofensivas acordes a un cambiante entorno geopolítico internacional. Esto enfocará a las Fuerzas Armadas, de forma definitiva, en sus funciones constitucionales de defensa de la soberanía.

Por el lado civil, hay voces que exigen secretarios de Defensa y Marina civiles. Esta solución no es viable por el momento ya que no existe una burocracia civil especializada en temas militares, ni el personal militar está sensibilizado para una administración de esa naturaleza. Aquí es donde nuevamente entra la educación.

Las Fuerzas Armadas mexicanas tienen inercias históricas muy fuertes, que se remontan incluso al siglo XIX. Conocer estas dinámicas ayudaría a entender la cosmovisión militar. El modelo militar posrevolucionario respondió a una necesidad política y fue funcional durante el resto del siglo XX, en un contexto internacional de Guerra Fría y de dominio de un partido hegemónico al interior de México. Eso ya cambió. En el contexto actual, en donde se requiere establecer un fluido diálogo civil-militar, es necesario reformar tanto la educación militar como la civil.

Necesitamos que los temas militares puedan ser enseñados en centros de educación superior civiles y que de esta manera se pueda formar una burocracia especializada. Asimismo, en los centros de educación militar debe impulsarse la interacción con personal civil y la enseñanza de materias de ciencias sociales y humanidades. Un escenario óptimo para esta convivencia sería formar un centro educativo de nivel posgrado, con un claro enfoque civil-militar, en el que se compartan ideas y perspectivas en favor de la defensa nacional de México.6

¿Cómo podría impulsarse esto a mediano y largo plazo? Por medio del proyecto militar que propongan quienes aspiren a ocupar la Comandancia Suprema de las Fuerzas Armadas. En el previsible caso de que no lo tengan, se les puede proponer, y así, abrir un diálogo más genuino entre los intereses civiles y los militares en favor de México, que desemboque en una tercera desmilitarización, y que le dé dignamente su lugar a cada institución, ya sea civil o militar.

 

Alejandro Juárez Ascencio
Sirvió ocho años en la Secretaría de Marina-Armada de México. Fue condecorado dos veces, una de ellas por destacada actuación en enfrentamientos armados contra el crimen organizado. Sus tesis de licenciatura, maestría, y la que desarrolla actualmente en el Doctorado en Historia Aplicada del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), son sobre Fuerzas Armadas. Actualmente está en uso de licencia ilimitada. El contenido de este escrito no representa la postura de ninguna de las instituciones mencionadas.


1 Para ver más sobre el proceso de desmilitarización durante el porfiriato, consúltese: Medina, L. Invención del Sistema Político Mexicano. Forma de gobierno y gobernabilidad en México en el siglo XIX, Fondo de Cultura Económica, 2004; Hernández Chávez, A. “Origen y ocaso del ejército porfiriano,” Historia Mexicana, Vol. 39, Núm. 1 (153) julio-septiembre 1989.

2 Medina, L. Ob. cit. p. 300. Hernández Chávez, A. Ob. cit. p. 261.

3 Constitución de 1857, con sus Adiciones y Reformas hasta el año de 1901. Texto original de la Constitución de 1917 y de las reformas publicadas en elDiario Oficial de la Federacióndel 5 de febrero de 1917 al 1o. de junio de 2009.

4 Matute, A. “Del ejército constitucionalista al ejército nacional”, Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, V. VI, 1977, p. 168. Amaro, al igual que muchas figuras de la época, no era un militar de carrera, sino que se había formado en los campos de batalla revolucionarios. Esto no fue obstáculo para que se convirtiera en el artífice de las reformas que se necesitaban. Su férrea disciplina y voluntad autodidacta le llevaron a leer con detenimiento múltiples obras militares en donde se detallaba la organización y funcionamiento de las fuerzas armadas porfiristas así como las de otros países. Entre las primeras destaca Estudios sobre la ciencia de la guerra, del general Sóstenes Rocha, quien reorganizó la educación y legislación militar en las primeras etapas del porfiriato. Para más sobre el general Joaquín Amaro, véase: Loyo Camacho, M. B. Joaquín Amaro y el proceso de institucionalización del Ejército Mexicano 1917-1931, Fondo de Cultura Económica, México, 2010.

5 Hay autores como Thomas Rath (Myths of Demilitarization in Postrevolutionary Mexico, 1920-1960, The University of North Carolina Press, 2013) que ponen en duda la desmilitarización. No obstante, y a pesar de su esfuerzo, el propio Rath acepta en su escrito que sí hubo desmilitarización durante la posrevolución.

6 Un modelo, que como estudioso del tema recomiendo por su enorme éxito, es el del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (Ceseden) del gobierno de España. En su acta fundacional de 1964 —todavía durante el franquismo—, se establece que “…la labor […] del Centro consistirá en: reunir, hacer colaborar personalidades civiles y militares llamadas a participar en la dirección de los asuntos nacionales, hacer que se conozcan entre sí personas procedentes de sectores muy diversos, […]. El mutuo conocimiento de necesidades, problemas, aspiraciones y posibilidades, creará el espíritu de Defensa Nacional”. “Antecedentes históricos”, Ministerio de Defensa. Antecedentes históricos del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional.


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Juárez Ascencio, A. (2022, 18 octubre). Hacia la tercera desmilitarización. nexos. Recuperado el 11 de April de 2026 de https://seguridad.nexos.com.mx/hacia-la-tercera-desmilitarizacion/

Juárez Ascencio, Alejandro. “Hacia la tercera desmilitarización.” nexos, octubre 18, 2022. https://seguridad.nexos.com.mx/hacia-la-tercera-desmilitarizacion/

JUÁREZ ASCENCIO, Alejandro. Hacia la tercera desmilitarización. nexos [en línea]. 18 octubre 2022. [Consulta: 11 April 2026]. Disponible en: https://seguridad.nexos.com.mx/hacia-la-tercera-desmilitarizacion/

Juárez Ascencio, Alejandro. “Hacia la tercera desmilitarización.” nexos. 18 Oct. 2022, https://seguridad.nexos.com.mx/hacia-la-tercera-desmilitarizacion/.


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