Chihuahua: la violencia en el norte

“Si quieres salvar vidas y atrapar a los malos, presta atención”.
—Raymond Reddington, The Blacklist

La violencia se hizo visible en Ciudad Juárez. Inició el 12 de agosto con una riña entre dos bandas delictivas en un centro penitenciario, que dejó dos reclusos muertos y al menos veinte heridos. Continuó con balaceras en la ciudad y ataques a población civil y negocios, que dejaron nueve personas muertas y cuatro más heridas. Es grande la tentación de vincular la violencia en Ciudad Juárez con la de otras ciudades de México, o de pensar en actos de narcoterrorismo. Sin embargo, como ha afirmado el especialista en seguridad Alejandro Hope, más bien hay que considerar “las especificidades locales de cada una de estas conflagraciones”.

La violencia en Ciudad Juárez no es nueva. Tiene una historia de atrocidades que se remite a los feminicidios en los años noventa.1 También una historia de homicidios entre 1995 y 2002, relacionados con el narcotráfico o crimen organizado y los derivados de riñas entre pandillas, venganzas, ejecuciones, etc.2 Más asesinatos entre 2008 y 2012: en especial de jóvenes, así como desplazamientos forzados. No hay que olvidar la masacre de dieciocho estudiantes en Villas de Salvárcar en 2010 y la implementación del programa federal “Todos somos Juárez”.3

La violencia en Ciudad Juárez tampoco es única. El asesinato de dos sacerdotes jesuitas y un guía de turistas el 20 de junio en Cerocahui fue noticia nacional e internacional. El perpetrador fue José Noriel Portillo Gil, un jefe criminal en la zona. Tampoco se puede omitir la ola de violencia que, también en junio, se desató en Cuauhtémoc: ciudad de confluencia de las culturas rarámuri, menonita y mestiza, y puerta de entrada a la Tarahumara. Las balaceras, el asesinato de siete personas, el hallazgo de tres cadáveres con huellas de tortura, secuestros, incendios provocados en viviendas y negocios, no tuvieron el mismo rating que los hechos de violencia en Ciudad Juárez o en Cerocahui, pero no por ello dejan de ser menos crueles y alarmantes.

Ilustración: Patricio Betteo
Ilustración: Patricio Betteo

Lo expuesto muestra parte de las especificidades locales de la violencia en Chihuahua, pero también invita a pensar en posibles interpretaciones. La primera, la más evidente, es la relacionada con la disputa entre grupos criminales. En Ciudad Juárez, por ejemplo, la versión oficial fue que la violencia derivó de la confrontación entre los Mexicles y los Chapitos: dos bandas o “brazos armados” del Cártel de Sinaloa que, paradójicamente, se confrontan entre sí debido a rencillas internas y a la disputa de liderazgos y territorios dentro del cártel o en la cárcel. El recurso de la violencia selectiva o aleatoria es otra historia.

En Cerocahui la trama de la violencia tiene otro matiz. Para conocedores de la Tarahumara,4 Portillo Gil cometió los asesinatos por “loquera”, en el sentido de estar drogado o de ser paranoico. Pero no hay que olvidar que él es el jefe de una célula criminal vinculada con Los Salazar, otro grupo asociado al cártel de Sinaloa. También hay que recordar que a él se le adjudica el asesinato de la periodista Miroslava Breach, en 2017, del maestro estadunidense Patrick Braxton, en 2018, y del activista Cruz Soto, en 2019.

En Cuauhtémoc, fue oficial que los cadáveres encontrados presentaban heridas por disparo de arma de fuego, pero además, les marcaron las siglas GNT en el abdomen. Según la Fiscalía General de Chihuahua, Gente Nueva del Tigre, o GNT, es un grupo criminal que originalmente sirvió al Cártel de Juárez y posteriormente se alió al Cártel de Sinaloa, formando parte de una fracción de Gente Nueva Salazar y controlando la región tarahumara entre Sonora y Chihuahua.

La segunda interpretación de la violencia que se vive en Chihuahua es la posible disputa entre grupos o personajes con poder político. Un indicio de ello es el comunicado que, a inicios de este año, la familia LeBarón envió al presidente López Obrador, denunciando supuestos vínculos entre el partido Morena en Chihuahua y el narcotráfico. Específicamente de defender a policías de Galeana y Nuevo Casas Grandes que vendían drogas y tenían vínculos con el crimen organizado.

Otro indicio es la acusación que, en julio de 2022, hizo Julián LeBarón a un medio: afirmó que el exgobernador de Chihuahua, Javier Corral, dio protección o no actuó para capturar a Rafael Caro Quintero, ni a José Noriel Portillo Gil. A ello se suma la acusación que hizo César Duarte (también exgobernador de Chihuahua, detenido por peculado) a Javier Corral: de dar protección a Portillo Gil y a Los Salazar en general. Corral desmintió la acusación y afirmó que se trataba de una campaña de difamación en su contra, orquestada por Duarte y la actual gobernadora del estado, María Eugenia Campos.

Como se observa, la violencia en Chihuahua trasciende a Ciudad Juárez. Tampoco es un fenómeno nuevo ni único en el norte de México. Mirar las especificidades locales de los acontecimientos nos permite conocer otras formas destructivas y reproductivas de la violencia; pero, como han afirmado algunos antropólogos,5 también es necesario pensar la violencia como cadenas, espirales o espejos que demandan múltiples interpretaciones para ir más allá de narrativas lineales.

 

Oscar Misael Hernández-Hernández
Profesor en El Colegio de la Frontera Norte

Lo escrito aquí es a título personal y no refleja necesariamente la postura de las instituciones afiliadas.


1 Monárrez Fragoso, J. E. “La cultura del feminicidio en Ciudad Juárez, 1993-1999” Frontera Norte, vol. 12, núm. 23, 2000, pp. 87-117

2 Ravelo Blancas, P. “La costumbre de matar. Proliferación de la violencia en Ciudad Juárez”, Nueva Antropología, vol. XX, núm. 65, Chihuahua, México, 2005, pp. 149-166.

3 Alanís Legaspi, Ú., y Durán Martínez, A. “Jóvenes en Ciudad Juárez, Chihuahua: entre la falta de oportunidades y el miedo a la violencia”. En Alvarado Mendoza, A., ed. Violencia juvenil y acceso a la justicia en América Latina, Volumen II, El Colegio de México, México, 2014.

4 Con base en entrevistas informales con personas que viven de manera intercalada en la región.

5 Scheper Hughes, N., y Bourgois, P. “Introduction. Making sense of violence”. En Scheper Hughes, N. y Bourgois, P. (eds.), Violence in war and peace: An anthology, Blackwell Publishing, 2003, pp. 1-31.


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Hernández-Hernández, O. M. (2022, 23 agosto). Chihuahua: la violencia en el norte. nexos. Recuperado el 24 de February de 2026 de https://seguridad.nexos.com.mx/chihuahua-la-violencia-en-el-norte/

Hernández-Hernández, Oscar Misael. “Chihuahua: la violencia en el norte.” nexos, agosto 23, 2022. https://seguridad.nexos.com.mx/chihuahua-la-violencia-en-el-norte/

HERNÁNDEZ-HERNÁNDEZ, Oscar Misael. Chihuahua: la violencia en el norte. nexos [en línea]. 23 agosto 2022. [Consulta: 24 February 2026]. Disponible en: https://seguridad.nexos.com.mx/chihuahua-la-violencia-en-el-norte/

Hernández-Hernández, Oscar Misael. “Chihuahua: la violencia en el norte.” nexos. 23 Ago. 2022, https://seguridad.nexos.com.mx/chihuahua-la-violencia-en-el-norte/.


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