Cuando llegué a hacer entrevistas en Tierra Caliente, Michoacán, tenía cierto escepticismo sobre la figura de José Manuel Mireles. En particular, tenía cierta impresión que los medios de comunicación habían fabricado una figura simbólica y carismática, en lugar de ver a personajes mucho menos telegénicos como Hipólito Mora, Alberto Gutiérrez o el Padre Gregorio López. Sin embargo, no me tomó mucho en aprender que Mireles no era una creación de la televisión, sino de su propio quijotismo repentino.
En buena medida, el incidental liderazgo de Mireles se relaciona con que su perfil era ideal para la tarea. No era dueño de campos de limón como Mora, así que no tenía intereses económicos de por medio. No tenía que dar misa en una parroquia como el Padre Gregorio. Ni tenía conspicuos vínculos con el narcotráfico como Juan José Farías. En cambio, era un hombre con ambiciones políticas, un doctor sensible y carismático, y un migrante retornado como muchos en la región. A ello, sumado de su actitud temeraria, rostro fácilmente reconocible, y altura física sobresaliente, lo hicieron un líder natural.

Ilustración: Pablo García
Mireles, quien había intentado ser candidato externo del Partido de la Revolución Democrática en Michoacán bajo la fórmula de migrante retornado, declaró ante medios que no organizó el inicio de la rebelión sino que simplemente se sumó al llamado de Mora en Tepalcatepec en 2013. Su motivo era sencillo: como médico de la clínica del ISSSTE en Apatzingán, atendió a varias niñas que habían sido abusadas sexualmente por Los Caballeros Templarios, aquella organización criminal predatoria que había controlado la vida cotidiana de los habitantes de la región.
En mis entrevistas con líderes de las autodefensas y con integrantes de la hoy ya desmantelada Policía Rural, que había legalizado a autodefensas, había consenso en torno a que quien había logrado organizar a los pueblos de Tierra Caliente fue Mireles. Él entraba de pueblo en pueblo con sus colegas, se apostaba en la plaza principal y daba su mensaje con un megáfono. Se volvió en poco tiempo una celebridad en toda la región y el rostro más reconocible.
Su rol en el liderazgo no estuvo exento de controversia. Él, a diferencia de Mora o Estanislao Beltrán, “Papá Pitufo,” no quería negociar todo con Alfredo Castillo, el Comisionado Federal que envió el presidente Peña Nieto. Incluso, quería tomar Morelia para remover a Jesús Reyna García, el gobernador interino de Michoacán, de quien se supo poco después colaboraba con Los Caballeros Templarios. Después del colapso de la avioneta donde viajaba, Mireles fue apresado por sedición y permaneció en prisión por meses.
Aunque parte del liderazgo de las Autodefensas Unidas por Michoacán quería seguir trabajando con Alfredo Castillo, liderazgos locales como el de Semeí Verdía en Aquila abogaron por continuar armados con Mireles al frente. Después de la transformación de las autodefensas en policías, meses más tarde, Mireles sería liberado. Pero su salud nunca mejoró. Como paciente de diabetes, tuvo que permanecer en su hogar.
Más allá de sus aventuras políticas después de su liderazgo en las autodefensas, o de su adhesión política a la coalición del presidente López Obrador, José Manuel Mireles fue sin duda un símbolo de la nueva época del conflicto armado que vive México. Un símbolo de la resistencia popular ante las formas predatorias que las organizaciones criminales han adoptado a partir de la represión militarizada. Su liderazgo es símbolo de la intermitencia del Estado en el territorio nacional. Un liderazgo carismático reemplazando al Estado burocrático legal racional, cuando los ciudadanos más necesitaban de protección.
El quijotesco legado de José Manuel Mireles pasará a la historia, quizás como uno de los libertadores más importantes de la historia de Tierra Caliente.
Raúl Zepeda Gil
Sociólogo y politólogo. Estudiante de Doctorado en la Escuela de Estudios de Seguridad en King’s College London.
Fe de erratas: en una versión previa de este artículo se identificó a Semeí Verdía como líder de la policía comunitaria de Chinicuila, no del municipio de Aquila. Asimismo, José Manuel Meireles se accidentó en una avioneta, no en un helicóptero.
Cita esta publicación
Zepeda Gil, R. (2020, 30 noviembre). Un Quijote calentano: José Manuel Mireles (1958-2020). nexos. Recuperado el 24 de February de 2026 de https://seguridad.nexos.com.mx/un-quijote-calentano-jose-manuel-mireles-1958-2020/
Zepeda Gil, Raúl. “Un Quijote calentano: José Manuel Mireles (1958-2020).” nexos, noviembre 30, 2020. https://seguridad.nexos.com.mx/un-quijote-calentano-jose-manuel-mireles-1958-2020/
ZEPEDA GIL, Raúl. Un Quijote calentano: José Manuel Mireles (1958-2020). nexos [en línea]. 30 noviembre 2020. [Consulta: 24 February 2026]. Disponible en: https://seguridad.nexos.com.mx/un-quijote-calentano-jose-manuel-mireles-1958-2020/
Zepeda Gil, Raúl. “Un Quijote calentano: José Manuel Mireles (1958-2020).” nexos. 30 Nov. 2020, https://seguridad.nexos.com.mx/un-quijote-calentano-jose-manuel-mireles-1958-2020/.
Gracuas pir reconocer la historia
No trabajaba en la clínica del ISSTE en Apatzingan sino en la secretaría de salud de tepalcatepec
Curiosamente denostado
Jesús Reyna fue quien autorizó el rescate en el accidente de la avioneta y hoy día está libre y sin señalamientos
es la versión rosa de la novela. Mireles armo su milicia con armas y dinero del CJNG y respondió a las violaciones de hijas de terratenientes, no a los abusos generalizados que ya cometían los templarios. El mismo se tomo la libertad de abandonar a su familia para tener relaciones con adolescentes.
Nos habla don José Manuel meyrele sobre lagerra que hubo entre civiles y el narco tráfico y sobre la violación de jovencita de los cavayeros templarios y el cual fue el motivo por la que la jente se levantó en armas