Antropología de las masacres en San Fernando, Tamaulipas

Vine a San Fernando a buscarte, Tadeo.
Vine a ver si alguno de estos cuerpos es el tuyo.
—Antígona González1

A una década de la primera masacre de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas, y a casi otra del asesinato de al menos 193 transeúntes en 2011, encontrados en fosas clandestinas, ha sido evidente la opacidad y negligencia del gobierno mexicano, a pesar de las recomendaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, de organismos internacionales y de defensores de derechos humanos. No en balde, Gary Moore,2 periodista estadounidense que visitó San Fernando en 2011, afirmó que: “Uno de los misterios fue por qué el gobierno mexicano mantuvo en secreto la mayor parte de la evidencia”. Moore se preguntó si ello significó complicidad, incompetencia o pánico del gobierno para esclarecer los hechos.

Ilustración: Carcass

Lo que se supo entones sobre las masacres fue mayormente por notas de periodistas que asumieron el riesgo de documentarlas, o bien por “reportes de prensa a larga distancia”, como señala Moore. Desde la academia el abordaje se hizo visible con un análisis de Rodolfo Casillas, sobre el asesinato de los 72 migrantes.3 Después hubo un vacío temporal, hasta que en el 2016, Sergio Aguayo y colaboradores,4 profundizaron en la primera masacre de San Fernando y la de Allende, Coahuila. Luego se publicaron algunos análisis sobre necropolíticas migratorias, el desplazamiento forzado y las marcas de violencia derivadas del asesinato de migrantes.

A pesar de la riqueza de las notas y reportes periodísticos, así como de los análisis académicos, a una década de acaecida la primera masacre de San Fernando y casi otra de la segunda, aún se carece de una reflexión antropológica que trascienda la perspectiva victimológica. Sin duda esta última es importante, ya sea que se trate de comprender y denunciar la crueldad que vivieron los migrantes en 2010 o los transeúntes en 2011, el dolor en sus familiares o el trauma entre los residentes. Sin embargo, poco o nada se ha pensado desde la perspectiva de los victimarios para comprender las masacres.

Sabemos que la palabra masacre significa matanza. No obstante, si ahondamos en las raíces etimológicas encontramos que, por un lado, deriva del francés antiguo macacre: carnicería, y por otro, del bajo sajón antiguo matsken: cortar, trocear. Una masacre es, literalmente, una carnicería, como lo evidenciaron los cuerpos maniatados, con disparos en la cabeza y amontonados de los 72 migrantes; o los cuerpos de los 193 transeúntes con tórax y cráneos fracturados y tirados en fosas clandestinas. Una antropología de las masacres, entonces, primero debe preguntarse por qué algunas personas las cometen en tiempos y contextos culturales específicos.

Una explicación inicial, más allá de las críticas, la encontramos en la tesis polémica de Hannah Arendt5 en torno a la “banalidad del mal”: los individuos actúan dentro del sistema al que pertenecen y no reflexionan sobre sus actos o las consecuencias a pesar de lo inhumano que sean; sólo cumplen órdenes. Incluso, también la encontramos en tesis como la de Stanley Milgram:6 la autoridad férrea se impone a los imperativos morales de los sujetos, obligándolos a lastimar a otros.

En otras palabras, podría pensarse que quienes asesinaron a los 72 migrantes y a los 193 transeúntes, solamente cumplieron órdenes dentro de un sistema jerárquico y criminal más amplio como eran los Zetas; órdenes que aunque pudieran confrontar su moral, tenían que realizarse. Las tesis, entonces, son útiles para entender las masacres como “banalidad del mal” o “sumisión a la obediencia”: se asesina porque se ordena. La declaración de 2011 de Edgar Huerta Montiel, lugarteniente de los Zetas, ilustra parte de lo anterior: “De San Fernando, lo de los autobuses, verdad, que fueron órdenes de allá arriba, de Lazcano, que porque esa gente iba para la contra, para los del Golfo”.7 El fragmento sin duda ejemplifica la obediencia, más no la crueldad de los actos.

Ante esto, una antropología de las masacres también debe preguntarse por la crueldad en éstas. Después de todo, como afirmó Wolfgang Sofsky,8 para comprender la práctica y desarrollo de las masacres hay que enfocarse en la manera como son perpetradas y no [sólo] a los propósitos a los que dicen apuntar. Al centrar la mirada en ello, agrega el mismo autor, podemos entender las masacres como orgías sangrantes, pero sobre todo, podemos comprender la crueldad a partir de dos componentes: el placer de “ver sufrir” al otro y la sensualidad del propio victimario.

La crueldad en las masacres, entonces, no sólo intenta causar dolor en los cuerpos, sino también profundizar en el sufrimiento de las víctimas, incluso de sus familiares, y sobre todo, hacerlo público a manera de escarmiento. Con ésta, la muerte trasciende el mero asesinato y abraza el sufrimiento. En parte ello lo entendemos al rememorar que los Zetas heredaron de sus fundadores, exintegrantes del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE), una ideología militar sobre la muerte: “Ni la muerte nos detiene, y si la muerte nos sorprende, bienvenida sea”. La muerte se acoge entre grupos criminales, eso es evidente, pero en las masacres va más allá con el propósito de hacer sufrir y causar placer a los victimarios.

Una antropología de las masacres, por lo tanto, debe preguntarse no sólo por la violencia, sino también por la construcción cultural de la maldad: las relaciones de poder y obediencia, el sufrimiento y el sadismo de producirlo. A una década de la primera masacre en San Fernando y a casi otra de la segunda, es necesario reflexionar sobre este tema, pero sobre todo, demandar verdad y justicia ante crímenes de lesa humanidad que socavan los cuerpos, los espíritus y el tejido social en México.

 

Oscar Misael Hernández-Hernández
Profesor de El Colegio de la Frontera Norte.


1 Uribe, Sara (2012), Antígona González, México: Surplus ediciones.

2 Moore, Gary (2011), “Unravelling Mysteries of Mexico´s San Fernando Massacre”, InSight Crime.

3 Casillas, Rodolfo (2010). “Masacre de transmigrantes. Reflexiones e interrogantes sobre los significados del asesinato de 72 migrantes”. Foreign Affairs Latinoamérica 10 (4): 52-59.

4 Aguayo Quesada, Sergio (2016), En el desamparo. Los Zetas, el Estado, la sociedad y las víctimas de San Fernando, Tamaulipas (2010) y Allende, Coahuila (2011), México: El Colegio de México.

5 Arendt, Hannah (1963), Eichman in Jerusalem: A Report on the Banality of Evil, New York: The Vinking Press.

6 Milgram, Stanley, (1963), “Behavioral Study of Obedience”, Journal of Abnormal and Social Psychology, 67, 371-378.

7 DEMOS Desarrollo de Medios S.A. de C.V. (2011), “Declara ‘El Wache’ sobre el caso San Fernando”.

8 Sofsky, Wolfgang (1996), Traité de la violence, París: Gallimard.


Cita esta publicación

Hernández-Hernández, O. M. (2020, 24 agosto). Antropología de las masacres en San Fernando, Tamaulipas. nexos. Recuperado el 07 de March de 2026 de https://seguridad.nexos.com.mx/antropologia-de-las-masacres-en-san-fernando-tamaulipas/

Hernández-Hernández, Oscar Misael. “Antropología de las masacres en San Fernando, Tamaulipas.” nexos, agosto 24, 2020. https://seguridad.nexos.com.mx/antropologia-de-las-masacres-en-san-fernando-tamaulipas/

HERNÁNDEZ-HERNÁNDEZ, Oscar Misael. Antropología de las masacres en San Fernando, Tamaulipas. nexos [en línea]. 24 agosto 2020. [Consulta: 07 March 2026]. Disponible en: https://seguridad.nexos.com.mx/antropologia-de-las-masacres-en-san-fernando-tamaulipas/

Hernández-Hernández, Oscar Misael. “Antropología de las masacres en San Fernando, Tamaulipas.” nexos. 24 Ago. 2020, https://seguridad.nexos.com.mx/antropologia-de-las-masacres-en-san-fernando-tamaulipas/.


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Publicado en: Crimen organizado