En México y en buena parte de América Latina se han ensayado durante varias décadas diversas estrategias en el ámbito de la Seguridad Ciudadana, para tratar de dar solución a problemas crónicos y/o complejos de la violencia y la delincuencia. No obstante, en la mayoría de los casos, no se han logrado obtener resultados efectivos y sostenibles en el mediano y largo plazo, que respondan a la complejidad, la dimensión y escalamiento de los fenómenos de la violencia y del delito.

Generalmente, se ha privilegiado la búsqueda de soluciones parciales a los problemas complejos y reiterados de la seguridad, mediante estrategias limitadas en temporalidad, desvinculadas del contexto, y particularmente de la mirada de las y los afectados. Si bien, es posible identificar buenas prácticas de seguridad ciudadana, muchas de éstas ofrecen soluciones o propuestas que obedecen a causas o factores generales y/o distantes de la realidad local o hiper-local donde se implementan. Con ello, se desaprovecha la oportunidad de incidir en lo que realmente preocupa y ocurre en las comunidades o municipios, teniendo como insumos principales el capital social y las capacidades institucionales de las localidades.

Ilustración: Víctor Solís

Otros aspectos que han sido una pauta en la formulación de estrategias de Seguridad Ciudadana son la implementación de metodologías basadas en el conocimiento experto y profesional, así como la oferta de soluciones que no atraviesan procesos evaluativos.

En este contexto, la búsqueda de innovaciones en la esfera de la seguridad parece ser un camino natural en el intento de transitar a otros procesos y otros métodos para alcanzar resultados transformativos, que hagan impacto en las comunidades para reducir las violencias y la delincuencia y logren como parte de su incidencia su sostenibilidad.

Desde está óptica, el Laboratorio de Innovación en Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México) propone una metodología que se fundamenta precisamente en la innovación ciudadana, es decir, en procesos flexibles e inclusivos que implican a las comunidades afectadas para comprender, repensar y formular propuestas (prototipos), mediante su  inmersión activa para comprender y atender los problemas convencionales o nuevos problemas de seguridad que requieren atención.

En este sentido, este Laboratorio implementará técnicas basadas en la escucha y el diálogo permanente con las y los afectados, es decir, la ciudadanía, vecinos/as, integrantes de la sociedad civil, funcionariado, especialistas y/o expertos, académicos, estudiantes, iniciativa privada, entre otros actores. Nuestro enfoque interdisciplinario promoverá el conocimiento no formalizado; así como aspectos subjetivos y afectivos en el co-diseño y la experimentación de los prototipos. Con ello, se visibilizarán y reconocerán el capital social-comunitario, las condiciones y las potencialidades individuales y colectivas para crear alternativas “situadas”, que respondan a dilemas crónicos asociados a las violencias y a la delincuencia. Los prototipos que provengan del Laboratorio podrán expresarse en forma de propuestas, estrategias, tácticas, técnicas, herramientas y otros recursos, que contribuyan a responder y atender entre las y los afectados, la complejidad de algún problema y someterlo a experimentación y evaluación.

Para ello, el Laboratorio posibilitará metodologías basadas en la ética del cuidado para garantizar la contribución de todas las voces en un ambiente incluyente y abierto, que propicie el apoderamiento de las y los afectados con el soporte de la mediación1 y otras técnicas colaborativas y participativas.

En consecuencia, el Laboratorio podrá generar y/o acelerar otras formas para tratar los problemas de interés común y público. Así pues, se articularán diversos recursos para la “gestión constructiva de conocimiento” desde una plataforma abierta, exploratoria y adisciplinar que colocará en el centro a las personas y a la experimentación.

Nuestro propósito es contribuir a democratizar el aprendizaje y el conocimiento mediante nuevos formatos, procesos y metodologías que posibiliten la participación de individuos y colectivos activos, conscientes, capaces de generar impactos transformativos en sus entornos y comunidades respecto a los problemas de violencia que nos conciernen como ciudadanas/os, como funcionarias/os y como profesionales en la materia. En este 2019 iniciará el funcionamiento del Laboratorio.

 

Antia Mendoza Bautista
Coordinadora técnica del Laboratorio de Seguridad Ciudadana, especialista en esta materia, prevención y modelos victimológicos.

Ernesto López Portillo
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Licenciado en Derecho. Diplomado en Análisis Político. Su trayectoria de 30 años incluye el servicio público, la investigación académica, la docencia y el activismo social. Fundó y dirigió Insyde (2003-2016). Ashoka Fellow.

Los autores agradecen la colaboración de Arisbeth Hernández para este texto.


1 Cuando hablamos de mediación nos referimos al conjunto de prácticas y trabajos —subjetivos— que atienden las necesidades materiales o inmateriales del grupo y facilitan el proceso de escucha, así como la formación de la comunidad en condiciones igualitarias.