A veces las soluciones están más cerca de lo que parece. Y para reducir la incidencia delictiva, ni todo, ni siempre, ni en todos los lugares, se trata de hacer prevención social. Este término se utiliza en Latinoamérica para referirse a la prevención del delito enfocada en la atención de sus causas de raíz en individuos y comunidades. Es importante entender bien esto porque, no obstante las bondades de ese tipo de prevención, a veces otro tipo de medidas más económicas pueden ser más efectivas y traer resultados significativos para reducir el nivel de ciertos delitos en el corto plazo. Mi argumento se basa en los hallazgos de un estudio de caso que realicé sobre la zona de Santa Fe en la Ciudad de México (CDMX).

Como esto es un blog y no una novela de misterio, voy directamente a los hallazgos: una vigilancia estricta de las manzanas urbanas en vialidades principales de la zona de Santa Fe puede impactar en reducir principalmente los delitos contra la propiedad de la zona en su conjunto en un 35.7%, independientemente de otros factores urbanos (ej. densidad poblacional, presencia de negocios, expendios de alcohol, etc.) y/o factores composicionales de la población residente (ej. escolaridad, población joven, población desocupada, ausentismo escolar etc.). Igualmente, una vigilancia estricta en las manzanas urbanas con centros comerciales puede impactar en reducir la incidencia delictiva en un 84.1%, también independientemente de otros factores urbanos y/o factores composicionales.

Estos hallazgos se fundamentan en una prueba general y combinada de dos teorías criminológicas (Actividades rutinarias y Eficacia colectiva) en el nivel de manzana urbana (con una muestra de 245 manzanas) al interior de la zona de Santa Fe. Es una prueba general porque se busca detectar los correlativos, hipotéticamente causales, del conteo total de los delitos en la zona entre 2013 y 2015. Una prueba particular sería aquella que se hiciera por tipo de delito. La fuente primaria de los datos de incidencia delictiva es la Secretaría de Seguridad Pública de la CDMX, a los que se accedió por vía secundaria en el sitio “Hoyo de Crimen”.1 Por otro lado, la fuente de datos demográficos y socioeconómicos es el INEGI.2 Los detalles de esta investigación está disponible para efectos de replicación.3

Estos resultados tienen implicaciones importantes para la política de seguridad pública en la CDMX. Primero, en algunas zonas (lugares), el delito se puede reducir priorizando la vigilancia e implementando medidas de protección por encima de otras soluciones de tipo social o comunitario. Es decir, en algunas zonas de la ciudad el problema del delito parece ser más un problema de “oportunidades criminales” o “actividades rutinarias” que de composición social o “eficacia colectiva estructural”, es decir, de la capacidad de las comunidades para mantener controles sociales ante, por ejemplo, las conductas delictivas.

Segundo, que hay que diagnosticar bien el tipo de problema delictivo que hay en cada lugar o zona de la CDMX. En el caso de Santa Fe, el 73% del total de los delitos registrados entre 2013 y 2015 fueron robos de vehículo o a transeúnte (con y sin violencia). Es decir, es una zona que sufre de una delincuencia especializada, patrimonial, y por ende aparentemente racional y de oportunidad. No parece ser una zona descompuesta socialmente por altos niveles de homicidios, lesiones, delitos sexuales, riñas entre vecinos y/o violencia intrafamiliar. Nótese que los resultados de este caso de estudio, precisamente por ser un caso, no son generalizables a toda la ciudad.

Tercero, en ciertos lugares, la prevención situacional (aquella dirigida reducir la oportunidad criminal) es más efectiva para prevenir la actividad delictiva que otras estrategias, como la social.4 Por lo anterior, no sería descabellado que la inversión de los hogares y negocios en mecanismos de seguridad y protección contra el delito fuera deducible de impuestos. Esa sería una forma concreta de apoyar a la población residente en la CDMX a protegerse frente al delito, siendo que, no es posible proveer seguridad pública en todos los lugares y en todos los momentos.

Y hay otro hallazgo más: el delito es parcialmente predecible. Esto quiere decir que la política de seguridad no es sólo una política de diagnóstico y acción, sino también de pronóstico. Por ende, tratando de anticiparnos a lo que puede pasar en el futuro y con base en lo observado en el pasado, en el estudio también se pudo detectar un patrón espacio-temporal importante: una vez ocurrido y registrado un delito, hay hasta un 28% más de probabilidad de que ocurra otro nuevo delito en un radio de 201 a 300 metros del delito anterior y en un periodo no mayor de 30 días. Es decir, hay un patrón probable de repetición en la comisión de delitos dentro de un espacio determinado y dentro de un tiempo determinado5 que, al menos en el papel, debería facilitar el trabajo de prevención y reducción de la delincuencia.

Entre 2013 y 2016, el Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia (PRONAPRED) invirtió un total de 9,871 millones de pesos, provenientes de un subsidio federal, en un conjunto de demarcaciones prioritarias (o sea, lugares). Las intervenciones no fueron sólo del tipo social y comunitaria; también hubo acciones de prevención situacional.

Hoy, independientemente del tipo de acción, los efectos del programa son desconocidos o al menos no estoy al tanto de una evaluación empírica de sus efectos. La pregunta obvia en este contexto es si los recursos fueron bien invertidos o no. Para saberlo, invitaría a realizar otros estudios de caso, similares a éste. De esta forma, podríamos saber si se priorizaron acciones de prevención social donde debía hacerse prevención situacional y visceversa. O bien, si la combinación de ambas estrategias fue adecuada. Preguntar esto no es cuestionar el Programa, cuyo subsidio se quedó sin fondos federales para 2017; es contribuir al diseño de estrategias de prevención efectivas y entender que el tipo de prevención depende del tipo de lugar.

Carlos J. Vilalta es profesor investigador en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Se especializa en el estudio de los elementos temporales y espaciales del crimen y el miedo al crimen.


1 Ver “Hoyo de crimen.
2 En concreto, el Censo de Población y Vivienda de 2010.
3 Conmino a estudiantes de posgrado, entre ellos a mis estudiantes, a repetir los hallazgos de este estudio o bien a realizar otro caso de estudio en otra zona de la CDMX u otra ciudad.
4 Estas políticas no son sustitutas, son complementarias. El argumento central de este artículo está en el título del mismo.
5 Este hallazgo se realizó con uso del software “Near Repeat”, el cual es de acceso y uso gratuito.