Para muchos funcionarios de Estados Unidos, de ambos partidos políticos, la frontera con México ha sido una preocupación constante que se intensificó desde el 11 de septiembre de 2001. A dos meses de que Donald Trump asumió el cargo de presidente de Estados Unidos, la situación fronteriza se encuentra en uno de sus puntos más tensos. México debe reforzar sus controles migratorios, su aparato de inteligencia y tener las herramientas diplomáticas listas para enfrentar un escenario poco probable, pero de altísimo riesgo: que por razones objetivas, pero sobre todo comunicativas, el terrorismo ocupe un lugar primordial en la agenda de seguridad entre ambas naciones. De ser el caso, el gobierno mexicano y el canciller Luis Videgaray, ávido por aprender, tendrán que dejar a un lado el realismo mágico y apostarle al realismo clásico de las relaciones internacionales.


La palabra terrorismo es una palabra extraña, ajena y distante en el diccionario colectivo de los mexicanos. Para los políticos es una palabra profana y en muy escasas ocasiones se ha pronunciado en discursos y declaraciones oficiales. Es, además, un concepto muy mal interpretado por nuestros legisladores, juristas, políticos y académicos que siguen entendiendo el término como un concepto ideológico y no como lo que realmente es: un método.

El terrorismo busca atemorizar y llamar la atención a la mayor audiencia posible. Entre más espectacular el acto de terror, mejor. Un ejemplo es el terrorismo de corte islamista, muy eficaz en su objetivo de infundir miedo como todos lo hemos atestiguado en los últimos 15 años. También, el terrorismo es una herramienta muy económica para los que han cometido estos actos de barbarie dado que, con relativamente pocos recursos (una cámara en un smartphone y una conexión a internet) se pueden lograr primeras planas y mucho prime time en los medios de comunicación convencionales y redes sociales. En estos, el terrorismo encontró un amplificador que contribuye a aumentar el miedo del público a niveles irracionales cuando, en realidad, la probabilidad de ser víctima de un acto terrorista es tan bajo como el de ser atacado por un tiburón. He aquí el meollo del asunto: en países como Estados Unidos y varios países europeos, el terrorismo encabeza las prioridades de seguridad nacional. En ellos se ha ejercido presión para implementar legislaciones draconianas, algunas extremadamente exageradas –otras francamente inútiles–, pero que ayudan a crear la percepción de que algo se está haciendo por la seguridad de todos. El infame plan del presidente norteamericano Donald Trump para construir un muro a lo largo de la frontera entre su país y México es parte de ese producto que se vende tan bien en el país vecino del norte: el miedo.

El miedo es el peor enemigo de las políticas públicas eficaces y de los funcionarios involucrados en la toma de decisiones en la materia, mismas que afectan la vida cotidiana de millones de personas. A partir de los ataques terroristas del 11 de septiembre en los Estados Unidos, varias voces mayoritariamente militares y políticas, pero también algunas académicas, especularon que células terroristas provenientes del Medio Oriente podrían cruzar desapercibidas por la porosa frontera de México y el vecino del norte para instalarse clandestinamente en ese país para perpetrar actos terroristas contra la población. Los argumentos se basaron en la corrupción de nuestras autoridades fronterizas, migratorias y policiacas y nuestra deficiente infraestructura para detectar este tipo de grupos. Dichas especulaciones abundan en la prensa norteamericana, sobre todo en la conservadora y de corte republicano en los últimos 15 años. Va una pequeña muestra:

El periódico The Washington Times, de corte ultra conservador, reportó el 18 de diciembre de 2002, citando a un funcionario del gobierno americano (sin precisar quién), que terroristas en Sudamérica ya habían establecido contacto con cárteles de la droga mexicanos.1

Tres años después, el 20 de mayo de 2005, se publicó que un sujeto de nombre Mahmoud Kourani se declaró culpable ante una corte americana por proveer materiales a Hezbollah, grupo con base en Líbano y considerado por el Departamento de Estado norteamericano como terrorista. Kourani habría cruzado ilegalmente la frontera entre México y los Estados Unidos en 2001 y había sido detenido allá.2 Un mes después, funcionarios del gobierno estadounidense declararon ante el Subcomité de Inmigración y Fronteras de la Casa de Representantes que de acuerdo con Homeland Security, Al Qaeda consideraba el uso de la frontera mexicana para infiltrarse en aquel país y que según ellos, cruzar ilegalmente la frontera era más ventajoso que cruzar por los medios formales por razones de seguridad operacional.3

El 26 de noviembre de 2007, otra vez, The Washington Times publicó que de acuerdo con fuentes del FBI (de nuevo no especificadas), decenas de terroristas habrían pagado a narcotraficantes mexicanos para ayudarlos a cruzar la frontera sin ser detectados y que documentos del órgano de inteligencia alertaban a varias agencias policiales que hasta 60 terroristas afganos e iraquíes estaban intentando cruzar a los Estados Unidos a través de túneles clandestinos.4

El 27 de marzo de 2009 se reportó que Hezbollah estaba estrechando sus vínculos con cárteles de la droga mexicanos (sin especificar cuáles) para llevar a cabo operaciones de contrabando como fuente de financiamiento para sus operaciones terroristas. Sin embargo, afirmó que no había casos confirmados de miembros de dicho grupo hubieran cruzado a través de la frontera con México para realizar atentados en suelo estadounidense.5 En otra nota del mismo año, Fox News 6, otro medio conservador, afirmó que de acuerdo con un reporte de inteligencia, el grupo terrorista Hezbollah usaba rutas de trasiego de drogas mexicanas para llegar a los Estados Unidos”.

Un mes después, en abril, The Washington Times volvió a afirmar que “Hezbollah estaba lucrando con la indefensa frontera norteamericana con México” y que el grupo estaba usando la frontera principalmente para obtener fondos para financiarse.6 Para junio, también de 2009, el periódico publicó que oficiales de contraterrorismo estadounidenses autenticaron un video de Al Qaeda que amenazaba con introducir armas biológicas a Estados Unidos a través de túneles desde México y afirmó que ésta era la evidencia de que el grupo terrorista estaba decidido a realizar otro ataque masivo al interior de su país.7

Después, el 5 de agosto de 2010, se volvió a afirmar que existía evidencia reciente sobre supuestas actividades de Hezbollah al sur de su frontera, así como “numerosos reportes” que indicaban la presencia de musulmanes haciéndose pasar por mexicanos cruzando la frontera de México hacia los Estados Unidos. Desde entonces, declaraban que su “porosa frontera sur es una pesadilla de seguridad nacional”.8

Finalmente, The Washington Times publicó el 9 de febrero de 2012 que existían áreas sin ley a lo largo de la frontera México-Estados Unidos y que un ex jefe de operaciones (no cita nombres) de la DEA, testificó que Hezbollah estaba trabajando con los carteles de las drogas mexicanos (sin nombrar ninguno en específico) para poder operar con impunidad en Estados Unidos.9

Como resulta evidente en este recuento de notas de dos medios ultra conservadores de Estados Unidos, se repite una y otra vez la misma historia sustentada en generalidades, suposiciones y declaraciones ambiguas de agentes y funcionarios de agencias federales que creen, sin aportar pruebas contundentes, que grupos terroristas del Medio Oriente han intentado desde hace más de una década ingresar a su país clandestinamente a través de su frontera con México.

A pesar de que la amenaza terrorista parece jugar siempre un papel de “cuña comunicativa” para avanzar otro tipo de agendas en la relación bilateral, estos escenarios –como bien saben los que se dedican al contra-terrorismo–, no se pueden descartar o minimizar. Siempre será mejor estar preparados por si suceden. Ésta ingrata tarea es como la de un portero de futbol que detendrá los tiros a gol la mayoría de las veces, pero será recordado negativamente por la afición por recibir una anotación. Y es aquí donde a México le puede ocurrir lo que al portero que se le fue un gol. Esto sería una oportunidad dorada para Donald Trump con el objetivo seguir pegándole a México. Si la insistente prensa conservadora no ha quitado el dedo del renglón en más de una década, incluyendo ocho años de una administración demócrata, no queremos pensar qué va a hacer ahora, con un nuevo presidente al que no le interesa leer los informes diarios de inteligencia que se han entregado a todos sus antecesores desde hace 70 años.10

 

Oscar Becerra es licenciado en relaciones internacionales por el ITAM y tiene maestría en seguridad internacional y estudios sobre terrorismo por la Universidad de St. Andrews en Escocia. Actualmente se dedica a las investigaciones tipo due diligence e inteligencia de negocios para el sector financiero.


1 “Terror cell on rise in South America”, The Washington Times, 18 de diciembre de 2002.

2 “Hezbollah in America”, The Washington Times, 20 de mayo de 2005.

3 U.S. REPRESENTATIVE JOHN N. HOSTETTLER (R-IN) HOLDS HEARING ON WORKSITE ENFORCEMENT – COMMITTEE HEARING, 21 de junio de 2005.

4 “Did Drug Cartel Smuggle Terrorists Into U.S.?” The Washington Times, 26 de noviembre de 2007.

5 “Hezbollah uses Mexican drug routes into U.S.; Works beside smuggler cartels to fund operations”, The Washington Times, 27 de marzo de 2009.

6 “The Hezbollah threat: It’s here, now”, The Washington Times, 11 de abril de 2009.

7 “Al Qaeda eyes bio attack via Mexico border; Seeks white militias as allies”, The Washington Times, 3 de junio de 2009.

8 “Borderline Obama; National security is not the president’s interest”, The Washington Times, 5 de agosto de 2010.

9 “What’s the Big Idea? Preventing the rise of safe havens for terrorists”, The Washington Times, 9 de febrero de 2012.

10 La Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) se fundó en 1947. Reemplaza a la antigua Oficina de Servicios Estratégicos (OSS, también en inglés) creada en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial.