Por años, Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, permaneció como la figura más emblemática del Cártel de Sinaloa. En el marco de su segunda captura en febrero de 2014, hubo incertidumbre acerca del futuro de la organización, se habló de escenarios de posibles escisiones. Sin embargo, no se observó en ese momento ningún conflicto violento que revelara una ruptura por parte de las principales facciones que integran el Cártel de Sinaloa. Aunque Guzmán Loera permaneció como la figura más mediática de la organización, compartía el liderazgo efectivo con Ismael Zambada García “El Mayo” —y en menor medida con Juan José Esparragoza Moreno “El Azul”. Cada uno de los dos principales líderes tiene una red propia de operadores y células.

Este arreglo se mantuvo el tiempo que Guzmán Loera permaneció en el Penal del Altiplano y después de su evasión (a pesar de que su condición de prófugo y su acercamiento con celebridades lo distanciaron de algunos de sus operadores). Incluso después de la recaptura, el arreglo con “El Mayo” Zambada y la lealtad de los operadores y células de “El Chapo” hicieron posible que sus dos hijos, Iván y Alfredo Guzmán Salazar heredaran su posición de liderazgo.

No obstante, con la extradición a Estados Unidos finalmente hubo un debilitamiento de la posición de liderazgo de Guzmán Loera y su familia. Este debilitamiento ha propiciado tanto una disputa interna entre los liderazgos del Cártel de Sinaloa, como un aumento de las agresiones por parte de organizaciones rivales. En primer lugar, Aureliano Guzmán Loera “El Guano”, hermano cuatro años mayor de “El Chapo”, había permanecido como uno de sus principales operadores, y había encabezado operaciones en contra de la organización de los Beltrán Leyva. La información disponible sugiere que, con el propósito de apartarse de la sombra de su hermano, “El Guano” trató de desplazar a los hermanos Iván y Alfredo del liderazgo de la organización (ambos son jóvenes y tienen experiencia limitada, por lo que no han logrado asegurar su posición).

De forma paralela, Dámaso López Serrano, “El Mini Lic”, trata de asumir el mando de la organización aprovechando las redes que había conformado su padre Dámaso López Núñez “El Licenciado” —uno de los principales operadores de “El Chapo”, enlace con grupos de Colombia y Estados Unidos, fundador del brazo armado Los Ántrax y Gente Nueva— antes de ser ejecutado en noviembre de 2016. Dámaso López Serrano cuenta con conocimiento estratégico de las operaciones que desarrollaba su padre, y más recientemente, del conflicto con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Todos los indicios apuntan a que “El Mini Lic” fue el responsable de la ejecución de Alejandrina Salazar, tía de los hermanos Iván y Alfredo, el 10 de febrero. Por su parte, “El Mayo”, aunque inicialmente aparentaba molestia por la inexperiencia de los hijos de “El Chapo”, los ha protegido en al menos dos eventos importantes: su secuestro en Puerto Vallarta y el ataque de “El Mini Lic”.

Cabe mencionar que las recientes agresiones por grupos antagónicos suponen la principal amenaza al Cártel de Sinaloa. En primer lugar, Alfredo Beltrán Guzmán “El Mochomito”, por la organización de los Beltrán Leyva, encabezó recientemente una serie de ataques en contra de sus primos del Cártel de Sinaloa. Con su captura en diciembre de 2016, Juan Francisco Patrón Sánchez asumió su posición hasta su muerte el 10 de febrero.

Por otro lado, el CJNG y el Cártel de Sinaloa mantienen un conflicto de creciente intensidad. A la fecha, la agresión más visible en el marco de este conflicto ha sido el secuestro de los hermanos Iván y Alfredo Guzmán Salazar en Puerto Vallarta, pero también deben de considerarse agresiones no confirmadas entre ambas organizaciones como el atentado en contra de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, en el que habrían participado más de 50 camionetas en agosto de 2016.

Si bien las cúpulas del Cártel de Sinaloa se encuentren en disputa, es poco probable un rompimiento de su estructura nacional. El núcleo del Cártel de Sinaloa (la alianza conformada por “El Mayo” y “El Chapo”) cuenta con liderazgos locales estables y que en la mayoría de los casos les son leales.

Sin embargo, el escenario de violencia e inseguridad en Sinaloa en el mediano plazo futuro no es alentador: en 2016 se contabilizaron más homicidios dolosos que en los tres años previos y las agencias de seguridad estatales no han implementado, o al menos anunciado, una estrategia concreta para hacer frente a este desafío.

Eduardo Guerrero Gutiérrez es socio de Lantia Consultores.