México ha experimentado un recrudecimiento de la violencia que ha significado un cambio substancial en su historia, transformando completamente el panorama del país desde comienzos del siglo XXI. Actualmente, grandes organizaciones criminales combaten abiertamente entre sí; se ha generalizado el uso del armamento de grueso calibre; se ha extendido el uso de tortura y exposición de cuerpos mutilados y los perfiles de las víctimas se han diversificado en un estado abierto de violencia (Rodríguez Ferreira, 2016). Así, la violencia a principios de este nuevo siglo cuenta con nuevas y distintivas características: es impredecible, cambia con el tiempo y entre regiones y sus actores son diversos y están impulsados por una amplia gama de motivos. La violencia en México se ha vuelto participativa y multipolar.

No obstante que desde el inicio del nuevo siglo se han registrado casi 300,000 homicidios,1 el punto de partida de este ola de violencia fue el año 2008.2 En efecto, el año 2007 registró la tasa nacional anual más baja de homicidios en décadas, sin embargo la violencia se incrementó exponencialmente hasta alcanzar su cúspide en 2011, con una tasa de 20 homicidios por cada 100,000 habitantes, representando un aumento estimado del 200% respecto al año 2007. Y aunque hubo una disminución aproximada del 10% entre 2012 y 2014, datos recientes indican que la tendencia ha virado nuevamente con un aumento promedio del 8.7%, y una tasa de 14 homicidios en 2015 (Heinle, Rodríguez & Shirk, 2016).

A pesar de que aún no hay datos oficiales completos para 2016, las estimaciones sugieren que la situación no ha mejorado: la tasa de homicidios asciende ya a 15, y el total—hasta noviembre—es de 18,915, representando un aumento de los 17,034 homicidios intencionales en 2015.3

En los últimos años, presumiblemente entre el 40 y 60% de los homicidios tienen alguna relación con la delincuencia organizada (Heinle, Rodríguez & Shirk, 2016). Sin embargo, la heterogeneidad de la violencia en México cuenta con actores, motivos y características particulares que varían entre épocas y regiones. Su difusión espacial, aunque generalizada, es también heterogénea—es decir, los conflictos en cada región parecen haber subsistido independientemente el uno del otro, e incluso de acciones estatales (Rodríguez Ferreira, 2016).4

No es fácil comprender la complejidad de este fenómeno. No obstante generalizada, la difusión espacial, fluctuación y heterogeneidad de la violencia no necesariamente siguen un patrón claro. Las acciones estatales a menudo contribuyen y alimentan conflictos, sin embargo muchos focos de violencia comenzaron y subsisten independientemente del Estado, precipitados por rivalidades entre grupos antagónicos, por incrementos en la delincuencia común, e incluso por fenómenos que no pueden, aún, explicarse del todo.5

A diferencia de distintos conflictos en la historia reciente de México –más relacionados con disputas políticas, ideológicas, religiosas o étnicas– que contaban con actores y motivos identificables, la violencia actual es participativa y multipolar; es decir, es perpetrada simultáneamente por grupos diferentes, por razones diferentes, y contra personas diferentes (Rodríguez Ferreira, 2016).

Un enfoque alternativo para caracterizar esta ola de violencia es la metodología de “sociedades extremadamente violentas” (extremely violent societies, EVS) –un marco descriptivo formulado por Gerlach (2006, 2010) y utilizado para entender sociedades donde múltiples grupos, incluido el estado, participan y son víctimas de violencia, debido a una amplia gama de motivos o intereses.

Rodríguez Ferreira (2016)6 examina la naturaleza participativa y multipolar de la violencia en México utilizando el enfoque EVS, considerando no sólo las características y la intensidad del conflicto, sino también los cambios en el tipo de violencia y la participación de diferentes actores y grupos a través del tiempo. Dicho enfoque vislumbra una violencia participativa ya que diferentes grupos toman parte en acciones violentas por diferentes razones y el Estado y sus operaciones no son ya predominantes. Asimismo, percibe una violencia multipolar en la medida en que los grupos involucrados se convierten simultáneamente en víctimas y perpetradores de acciones violentas; es decir, el concepto tradicional de “víctima” se torna borroso. Sin una sola narrativa sobre la violencia en México, Ferreira se refiere a una serie de “violencias” que convergen simultáneamente y considera que las políticas gubernamentales no tienen éxito al enfrentarlas y que son ineficaces para abordar sus dimensiones sociales.

Este enfoque es útil para dar sentido a la violencia en México. Por ejemplo, aunque se cree que una gran parte de la violencia está relacionada con la actividad de la delincuencia organizada, también ha habido un aumento en los homicidios intencionales no relacionados con ella.7 Esta metodología también es útil para explicar la amplia gama de víctimas, ya que la la violencia se dirige hacia varios grupos de personas, en lugar de a uno solo. Mientras que la violencia en México es frecuentemente dirigida contra presuntos miembros de organizaciones delictivas, también se ha dirigido cada vez más en contra de funcionarios públicos, periodistas, miembros de las fuerzas de seguridad e incluso ciudadanos y poblaciones vulnerables.8 A medida que numerosos actores se involucran en esta violencia, incluso la ciudadanía juega un papel, perpetuando prácticas violentas e inclusive participando directamente en ellas (Rodríguez Ferreira 2016).

Debido a que la violencia en México a menudo no sigue un patrón particular, crea un dilema tanto para académicos como para políticos que se enfrentan a la tarea de abordarla usando enfoques tradicionales. Ya que las políticas han sido en gran medida ineficaces para combatir la delincuencia y la violencia asociada –especialmente considerando datos recientes que reflejan poca o ninguna mejora en las tendencias nacionales– es esencial cuestionar el enfoque de México hacia la violencia.

No existe una narrativa que caracterice adecuadamente la violencia en México. Por el contrario, existen muchas “violencias” –a veces conectadas y a veces no– que convergen simultáneamente; por lo tanto, en lugar de aplicar soluciones generales o de corto plazo para abordar la red de violencias, el estado y la sociedad civil deben examinar cada conflicto de manera independiente y discutir las opciones políticas caso por caso, considerando los diferentes actores, las diferentes “violencias”, y sus diferentes motivos de manera independiente, pero de forma integral.

Octavio Rodríguez Ferreira es candidato a Doctor en Derecho, por la UP. Coordinador del Programa Justice in Mexico del Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Diego.

Rita Kuckertz es Program Associate en el programa Justice in Mexico del Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad de San Diego (USD).


1 Estimaciones desde el año 2000 hasta 2016 basadas en estadísticas de homicidios provenientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), las cuales son compiladas por el programa Justice in Mexico, de la Universidad de San Diego.
2 Como explica Rodríguez Ferreira (2016), el ‘homicidio’ se ha utilizado como un indicador razonable de la delincuencia violenta, así como un indicador de los niveles de seguridad dentro de los estados (UNODC 2014); y se ha convertido en un elemento definitorio en la evaluación de la presencia de la actividad del crimen organizado, principalmente como indicador de “violencia instrumental” (Van Dijk, 2008).
3 Basado en los datos promedio de enero a noviembre de 2016 de SNSP.
4 De manera notable, la tasa de homicidios en Colima, ha aumentado de 23 en 2015 a 72 en los primeros once meses de 2016, según los datos de SNSP (2016). Este cambio representa un aumento de más del 213% a partir de 2015. Aunque la causa de este aumento sigue siendo desconocida, se cree que el estado alberga varias células de la DO, incluyendo las del Cártel Jalisco de Nueva Generación (CJNG) y del Cartel de Sinaloa (Garduño, 2016). También se han registrado aumentos significativos en Veracruz (98%), Zacatecas (76%), Michoacán (50%) y Campeche (43%), mientras que otras entidades ha disminuido, como en Nayarit (-47%), Quintana Roo (-47%), Coahuila (-30%) y Querétaro (-23%) (SNSP, 2016). El aumento de la violencia en ciertas regiones de México frecuentemente coincide con una disminución correspondiente de la violencia en otros lugares, como el caso de Ciudad Juárez, que en algún punto representó el 10% del total nacional de homicidios –aunque alberga solo el 1% de la población. La disminución de violencia en Juárez coincidió con una escalada en otras regiones –a saber, en Acapulco, Torreón, Monterrey y Nuevo Laredo–. Así, los cambios en los niveles de homicidio en una región a menudo alteran todo el mapa nacional de la violencia, dispersando geográficamente la violencia de una región a otra (Rodríguez Ferreira, 2016).
5 Este ha sido el caso del incremento de los feminicidios en lugares como Ciudad Juárez, y más actualmente en distintos municipios del Estado de México, en Tijuana y muchos otros.
6 Este artículo fue publicado recientemente en el Journal of International Conflict and Violence. El artículo completo está disponible al público general.
7 Entre otros ejemplos podemos mencionar la violencia de género, que en México suma más de 40,000 mujeres asesinadas con violencia extrema en las últimas tres décadas (Rea & Carrión, 2015). Además, ciertos tipos de violencia tratan de imitar practicas usadas por la DO, quizá para disfrazar incidentes particulares en un estado generalizado de violencia.
8 Entre ellas podemos hacer referencia nuevamente a las mujeres, miembros de la comunidad LGBT o migrantes.

Fuentes:

Garduño, Javier. “Estadísticas muestran aumento de violence en Colima en 2016.” El Universal. Julio 26, 2016.

Gerlach, Christian. 2006. “Extremely violent societies: an alternative to the concept of genocide”. Journal of Genocide Research 8 (4): 455-471

Gerlach, Christian. 2010. Extremely Violent Societies. New York: Cambridge University Press.

Heinle, Kimberly, Rodríguez, Octavio, and Shirk, David, (2016). Drug Violence in Mexico: Data and Analysis Through 2015. San Diego: Justice in Mexico.

Rea, Daniela & Carrión, Lydiette (2016). Así matan a las mujeres en México. Liberación mx. Consultado: enero 3, 2017.

Rodríguez Ferreira, Octavio (2015). De Casus Belli. La criminalidad transnacional organizada en los conflictos armados contemporáneos, Sánchez, Constanza. & Ibáñez, Josep (eds.). Madrid: Tecnos.

Rodríguez Ferreira, Octavio. “Violent Mexico: Participatory and Multipolar Violence Associated with Organised Crime.” International Journal of Conflict and Violence. Vol. 10 (1). 2016.

UNODC. 2014. Global Study on Homicide 2013. United Nations Office on Drugs and Crime. Vienna: United Nations.

Van Dijk, Jan. 2008. The World of Crime. Thousand Oaks: Sage.