Dentro del lugar central que la seguridad pública ocupa actualmente en el debate público, mucho se ha discutido sobre si la policía debería tener un mando único o mixto, si los salarios deberían homologarse, o si los militares deberían estar en la calle o en los cuarteles –entre otros temas. Sin embargo, una cuestión fundamental, que hasta el momento no ha gozado de la misma atención, es la manera en que deben trabajar las policías a nivel local, con las que estamos en contacto directo y cotidiano como ciudadanos.

Independientemente de la autoridad que esté a la cabeza de la policía –municipal, estatal o federal; civil o militar-, la policía no dejará de ser la institución encargada de la seguridad en un determinado territorio. ¿Cómo debería trabajar entonces? ¿Cuál debería ser su modelo de organización y gestión?

A nivel internacional han habido avances importantes para responder a estas preguntas, desde la academia y la práctica: los conceptos de “policía de proximidad”, “policía orientada a la solución de problemas”, o de “disuasión focalizada”, entre otros, han transformado la labor policial. A pesar de la diversidad de experiencias y buenas prácticas, y los excelentes resultados que algunas han tenido, en México todavía nos hace falta explorar más estas alternativas. Con la intención de contribuir a este debate, se propone considerar dos elementos clave en la organización de la operación policial: 1) un enfoque territorial y de cercanía con la comunidad, y 2) la combinación de intervención policial y de prevención social para la solución de problemas.

Enfoque territorial y comunitario

La policía debe dividir su territorio de intervención en unidades más pequeñas (como sectores y cuadrantes), en función de las características socioeconómicas, la tipología del delito, la facilidad de acceso y las dinámicas comunitarias que existen en el territorio. Además, cada una de estas unidades territoriales debe tener grupos de policías asignados de manera fija. La división territorial y la asignación fija de personal permiten, primero, que la policía reduzca su tiempo de respuesta ante llamadas de auxilio; segundo, que los policías conozcan las características y problemas de seguridad del lugar; y tercero, que la comunidad conozca a sus policías y confíe más en ellos.

Además, los policías deben conocer su territorio de actuación. Para ello, deben tener acceso a datos, análisis criminológicos y mapas georreferenciados de la incidencia en su zona, y, sobre todo, deben poder relacionarse con la comunidad. Una policía próxima a la comunidad integra actividades de acercamiento con la ciudadanía a sus rutinas de patrullaje: los policías platican con comerciantes, directores de escuela y miembros de iglesias u organizaciones sociales y organizan reuniones con vecinos para escuchar sus problemas y preocupaciones. La información que se recibe de la comunidad, cuando se registra, sistematiza y analiza de manera adecuada, es un gran insumo para entender de forma amplia qué delitos y faltas administrativas existen en el territorio, cuándo y dónde suelen ocurrir, quiénes los cometen, quiénes los sufren, y cuáles son los principales factores de riesgo que prevalecen en el territorio.1 En suma, permite comprender cuáles son los problemas de seguridad que afectan a la comunidad.

Operación para la solución de problemas: combinar actuación policial y prevención social

Los problemas de seguridad deben ser el punto focal a partir del cual se estructure la operación policial: en función de la información recabada se identifican patrones y se diseñan estrategias para atender sus efectos y causas con estrategias integrales que combinan actuaciones policiales con prevención social.

Por ejemplo, en un municipio se detecta que en un determinado sector, las riñas entre pandillas son uno de los problemas centrales, y a través del uso de información se identifica que las riñas acontecen en su gran mayoría en la esquina de Avenida Michoacán y Calle Magnolia, principalmente los jueves, viernes y sábados entre 18h y 23h. A partir de esto, la policía puede ajustar sus rutas de patrullaje para aumentar su presencia en estos momentos y disuadir las riñas. Pero además, gracias al uso adecuado de la información, la policía puede identificar cuál es el perfil de los agresores y las víctimas (que en este caso bien pueden ser intercambiables), y orientarles a programas de apoyo psicosocial, escolar, familiar o de otros tipos de prevención social.

Esta es una manera en la que puede aterrizarse una operación policial enfocada en los problemas que enfrenta la comunidad, fundamentada con información real, y organizada a través de estrategias que atacan tanto los efectos como las causas de los problemas. La actuación policial por un lado y la prevención social por el otro, se combinan para reducir la incidencia y ofrecer tanto soluciones inmediatas como de largo plazo a los problemas identificados. Parece sencillo; de sentido común. Sin embargo, rara vez se observan estos modos de operar al interior de las policías municipales o estatales. Pasar de los conceptos a la implementación trae retos sustanciales; que pueden implicar un cambio completo de paradigma para la institución.

Retos de implementación

Para que los ciudadanos compartan su percepción e información sobre la seguridad de su colonia, los policías deben haber ganado su confianza, que no es nada sencillo considerando la generalizada percepción negativa que se tiene sobre la policía: según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2016, 50.2 por ciento de la población expresa tener mucha o alguna confianza en la Policía Preventiva Municipal, mientras que 66.7 por ciento la considera corrupta.2 Además, los policías no necesariamente cumplen con un perfil o han sido capacitados para realizar acercamientos con la ciudadanía o participar en reuniones de vecinos.

Por su parte, la sistematización de información requiere el uso estandarizado de formatos y procesos de recolección, así como un sistema de registro y análisis de datos. El registro de la información exige una inversión de tiempo (en ocasiones considerable) por parte de los policías, y nuevamente, requiere capacidades que no necesariamente han sido generadas. Con el análisis de información sucede lo mismo: la identificación de patrones delictivos y factores de riesgo, así como su difusión y uso al interior de la corporación, requieren tanto el desarrollo de capacidades (por lo menos de una unidad especializada), así como procesos organizacionales que permitan que los jefes de sectores y cuadrantes se apropien de la información.

El diseño de estrategias basadas en los problemas de seguridad del municipio tampoco está libre de complicaciones. Por un lado, implica la descentralización del mando, para que los jefes de sectores o cuadrantes tengan facultades suficientes para administrar turnos, rutas de patrullaje, acciones y recursos en su territorio. Por otro lado, el establecimiento de estrategias que incluyan tanto acciones policiales como prevención social requiere coordinación institucional entre la institución policial y otras dependencias, que pueden tener agendas, prioridades y culturas de trabajo muy distintas.

Y sobre todos los retos mencionados, quizás el más importante sea la convicción y voluntad política. Desde el Presidente Municipal hasta cada policía de la corporación, pasando por el Secretario de Seguridad Pública y las otras dependencias con las que ésta trabaja, debe existir la confianza en que los problemas de seguridad no se resuelven con más armas, sin información y sin la participación de la comunidad. Debe existir la certeza de que la prevención y la proximidad no son elementos cosméticos para suavizar la imagen de la policía, sino las claves para resolver los problemas de seguridad del territorio.

Thomas Favennec es Director de Proyectos en Fundación IDEA. Ricardo García es Analista en Fundación IDEA.


1 “Factores de riesgo” se refieren a “aquellas situaciones de tipo individual, familiar, escolar o social que incrementan las probabilidades de que las personas desarrollen conductas violentas o delictivas. Es importante enfatizar que la sola existencia de estos factores no implica que las personas inmersas en tales situaciones cometerán actos de violencia o delincuencia; sino que las coloca en una situación de mayor riesgo de experimentarlas.” Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia 2014-2018, México, Gobierno de la República, Abril de 2014.
2 Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública, ENVIPE 2016, INEGI.